20 junio, 2013

Diego Arguedas O.

Si la curación de la costarricense llega a ser aceptada por la Santa Sede como válida para canonizar a Juan Pablo II, no sería la primera ocasión en que El Vaticano reconozca la curación de una tica como evidencia para un proceso similar.

Sor María Romero es objeto de devoción en el país. | ARCHIVO
Sor María Romero es objeto de devoción en el país. | ARCHIVO

El caso de María Solís Quirós, quien ahora tiene 18 años, fue vital para declarar beata a sor María Romero, una religiosa nicaragüense que trabajó en Costa Rica y fue beatificada el 14 de abril de 2002 por Juan Pablo II.

A los cuatro meses de gestación, a Solís se le diagnosticó que nacería con labio leporino.

Sin embargo, de acuerdo con las investigaciones del Vaticano, la intervención de Romero fue vital para que la niña naciera sana.

“Siempre estaremos agradecidos con Dios, con Jesús Sacramentado, la Virgen y toda la gente que rezó por nuestra hija”, dijo en el 2002 Claudia Quirós, madre de la niña, a La Nación .

La familia viajó a Roma, en conjunto con una delegación costarricense, para participar en la ceremonia oficial. Romero fue beatificada junto a otras cinco personas en una ceremonia en la plaza de San Pedro.

Ese día, Solís, con la ayuda de sus padres, dejó a los pies del Santo Padre una reliquia de la beata: un dedo meñique que se desprendió naturalmente de su mano.