Por: Aarón Sequeira 26 febrero, 2015
La seguridad del Congreso debió pedir calma a los manifestantes, quienes exigían la aprobación del crédito para la ruta 32. | ALBERT MARÍN
La seguridad del Congreso debió pedir calma a los manifestantes, quienes exigían la aprobación del crédito para la ruta 32. | ALBERT MARÍN

Cuando la jefa del Partido Acción Ciudadana (PAC), Emilia Molina, leyó el periódico La Nación ayer por la mañana, supo que la aprobación del préstamo para la ampliación de la ruta 32 no sería nada fácil.

Declaraciones del ministro de Obras Públicas y Transportes, Carlos Segnini, resucitaron las dudas de muchos diputados sobre el préstamo con China para ampliar la ruta 32.

En la publicación, Segnini reveló que tiene 50 páginas con observaciones sobre el anteproyecto de la obra vial que propuso la empresa China Harbour Engineering Company (CHEC) que pedirá ajustar, y aseguró que la ampliación de la carretera dependerá de que la firma acepte sus peticiones.

La opinión del jerarca hizo tambalear la aprobación del préstamo chino, mientras, a un costado del Congreso, decenas de tráileres de camioneros de carga pesada bloqueaban las vías aledañas y, en los pasillos legislativos, el socialcristiano Luis Vásquez repartía cargamentos de patí entre periodistas, limonenses y diputados.

Molina, quien padece de hipertensión, empezó a contar los votos apenas llegó al Parlamento, para asegurarse de que el crédito chino tuviera, como mínimo, los 38 votos necesarios para el segundo debate y gestionar una carta del jerarca del MOPT para apaciguar las críticas y asegurar la aprobación.

Habló con el ministro para aclarar su postura y, hacia el mediodía, llamó a Luis Guillermo Solís para asegurarle que había votos suficientes para el préstamo. “Se rio cuando se lo dije”, contó la legisladora.

Más tarde, Molina dijo que su presión arterial no sufrió, pero sí su estómago, cada vez que el jefe del Frente Amplio, Gerardo Vargas, usaba el micrófono para criticar las declaraciones de Segnini y asustarla con la posibilidad de que ese partido le quitara el apoyo al crédito.

De hecho, dos frenteamplistas –Edgardo Araya y Patricia Mora– cambiaron de opinión con respecto al primer debate, para negarse al aval junto con Ligia Fallas. Vargas sí lo votó a favor.

Disgustado con el ministro, Mario Redondo, de la Alianza Demócrata Cristiana, exigió la presencia de Segnini para rendir cuentas en el plenario, sin éxito. Junto con Redondo, Araya también quería verle la cara al jerarca del MOPT en el plenario.

De hecho, el artículo periodístico golpeó el apoyo que ese frenteamplista tenía hacia el préstamo.

Redondo votó a favor del préstamo el lunes, cuando dijo que los riesgos eran menores al bien mayor de la obra vial. Pese a las dudas que dijo tener ayer, repitió en su aprobación.

Como es costumbre, el oficialismo sí se quebró. Ottón Solís, Epsy Campbell y Nidia Jiménez repitieron el no, pero a Franklin Corella le cambió el criterio luego de la marca a presión que le hicieron Víctor Morales Zapata, Marcela Guerrero y Laura Garro.

“Fue un voto de confianza”, añadió Corella, quien también suavizó sus dudas luego de hablar por teléfono con Segnini.