3 agosto, 2014

Méjico de Upala. Han pasado casi nueve años desde la tarde del 1.° de octubre del 2005, cuando un grupo de choque del Ejército de Nicaragua detuvo al policía costarricense Diego Ortiz y a su hijo Jéiner.

Ortiz recuerda que estaba en su día libre y quiso aprovechar para manejar un tractor de llantas, en la finca La Amalita.

“Estando en la finca, de pronto, me vi rodeado por los militares quienes me encañonaron y detuvieron, argumentando que yo estaba metido 50 metros en su país.

”Protesté porque estaba en territorio tico, pero de nada me valió. Me llevaron esposado hasta Papaturro (en Nicaragua), donde me amarraron a una silla.

”Pensé que se trataba de algo pasajero y que hechas las aclaraciones, me dejarían en libertad, pero no fue así. Pasé 150 días en la prisión de puerto San Carlos del río San Juan”, explicó el oficial, quien hoy sigue laborando en el Comando de Upala.

Secuestro. Afirma que lo suyo fue un típico secuestro por venganza.

“Los militares me culpaban por la detención en Costa Rica de un policía nica y me la cobraron a mí”, agregó Ortiz.

“Hoy sigo creyendo que mi captura no se justificaba, pero Nicaragua se empeñó en exhibirme como un violador de su soberanía, lo cual no puedo aceptar”, expresó el oficial costarricense.

Casi nueve años después, los problemas y confusiones por la falta de claridad de la guardarraya fronteriza se mantienen.