Cambio de hora en acto cívico desfasó encuentro entre Presidenta y los manifestantes

Por: Esteban Mata Blanco 25 julio, 2013

Mientras los manifestantes estaban en el parque de Nicoya, Chinchilla estaba casi en la frontera con Nicaragua con el ministro de Seguridad.
Mientras los manifestantes estaban en el parque de Nicoya, Chinchilla estaba casi en la frontera con Nicaragua con el ministro de Seguridad.

La presidenta de la República, Laura Chinchilla, dejó esta noche el centro de Nicoya y sus actos de celebración del 189 aniversario de la Anexión del Partido de Nicoya en medio de bailes con el alcalde Marco Jiménez y el diputado Luis Antonio Aiza.

La Presidenta cerró de esta forma una jornada complicada, llena de cambios en su agenda ante la amenaza de protestas en su contra que se dieron en horas de la mañana por parte de grupos sociales, sindicatos y dirigentes del partido Frente Amplio.

Sin embargo, Chinchilla estuvo muy lejos de esas protestas. Un cambio de planes revelado anoche por el alcalde Jiménez y dictado, según dijo, por el Concejo Municipal en la sesión del martes, hizo que la aparición de la Presidenta se diera hasta las 5 p.m.

En vista del cambio, Chinchilla aprovechó para acompañar al ministro de Seguridad, Mario Zamora, a la base El Murciélago, en el norteño cantón de La Cruz, cerca de la frontera con Nicaragua.

Allí, la Presidenta participó en la entrega de 40 patrullas y conoció a los 197 nuevos policías que según el ministro Mario Zamora, vigilarán la trocha fronteriza con Nicaragua.

Sin embargo, a su regreso, el helicóptero del servicio de Vigilancia Aérea sufrió un desperfecto, y la presidenta tuvo que trasladarse en carro del hotel Riu en Carrillo, donde se hospeda, hasta el centro de Nicoya, lo que le generó un retraso de 45 minutos.

A su llegada a la ciudad colonial, la Presidenta se mostró alegre y optimista, dejó que el diputado Aiza se encargara de las promesas y la rendición de cuentas y luego se dedicó a bailar con él y con el alcalde para irse, en medio del aplauso, sin protestas ni más contratiempos que el deseo de los pobladores de sacarse una foto con ella.