Por: Aarón Sequeira 17 abril, 2016

Una o dos palabras en francés, un apretón de manos y mucha paciencia pueden bastar para conocer las razones que impulsan a estos africanos, varados en la frontera entre Costa Rica y Panamá, para dejar sus países.

Un grupo de jóvenes, todos veinteañeros, ni siquiera necesitó esas señales para acercarse y contarle a un equipo de La Nación su huida de Burkina Faso.

Allá, Damien Kabore, de 24 años, estudiaba contabilidad. Pero un gobierno dictatorial que terminó violentamente en octubre del 2014, dejó una estela de caos que lo arrastró a él y a cinco amigos hasta abandonar el país y atravesar medio continente americano para buscar mejor vida en Estados Unidos.

Desde diciembre, Burkina Faso tiene nuevo presidente, Roch Marc Christian Kaboré, elegido democráticamente, pero Damien ya no estuvo ahí para ver el cambio, pues salió con los demás el 6 de setiembre.

Antes de hacerse a la mar, en aguas del Atlántico, tuvo que atravesar Togo, Níger y Marruecos, para hallar la costa que su nación de origen no tiene.

Bosques, ríos y mares quedaron atrás en su camino. Ahora, no le importa recibir un poco de lluvia, mientras espera una respuesta de Costa Rica a su pedido de tránsito hacia el norte.