Por: Álvaro Murillo 19 agosto, 2014

Melvin Jiménez lleva el control operativo del Gobierno y sus primeros 100 días han sido difíciles. Cuestionado por ser obispo luterano y por su manejo político, dice que vale la pena seguir como la mano derecha del presidente Luis Guillermo Solís.

“Hasta cuando él quiera”, respondió en una hora de entrevista, con su voz rocosa, comiéndose sílabas y con pocas sonrisas debajo de su bigote, tan canoso como su cabellera rebelde. Ni gota de gel.

Así atiende preguntas en la mesa oval del salón impersonal donde atiende sectores y periodistas. Este lunes corría con el informe de los 100 días sin saber que cinco horas después los diputados rechazarían dar el espacio para presentarlo en el Congreso. Así están las cosas.

Después de sus 100 días como ministro de la Presidencia, ¿cree que vale la pena ?

Si se nos dio la oportunidad de servir al país, cualquier sacrificio vale la pena para lograr que las grandes mayorías disfruten de una vida más inclusiva.

¿Qué le aporta al Gobierno?

Le aporto mi trabajo con la sociedad civil organizada: jóvenes, iglesias, indígenas, campesinos... Aporto mucho diálogo con la sociedad y un manejo equilibrado entre el mundo que genera riqueza y la iniciativa social.

¿Hay ya frutos de tal diálogo?

Creo que sí. Hicimos un trabajo fuerte para solucionar la huelga de educadores y tenemos diálogo importante con indígenas y sectores sindicales, los de la economía social y he sido parte del diálogo con un sector de los empresarios.

¿Será ministro aún en el 2018?

Desde el primer día le dije al presidente ‘mi carta de renuncia está en sus manos’.

¿Qué certeza puede tener un sector que habla con usted si sabe de esa “carta de renuncia”?

No hay un seguro de vida para los cuatro años. Es de resolver tareas y, si se logra, se sigue adelante. Hay sectores que no están muy contentos con lo que estoy haciendo, pero otros sí lo están (...). Una de las cosas que se ha logrado es recibir por igual a cámaras empresariales y grupos sociales; creemos que lo hemos equilibrado.

¿Por qué tanta crítica?

Puede haber dos razones. Una es un estilo diferente de gobernar y no estaban acostumbrados. Pero no veo tanta crítica. Cuando vamos a comunidades la gente nos da su apoyo, pero no tienen medios de comunicación.

Ese era también el argumento del Gobierno anterior.

Lo que digo es que hay sectores que nos critican y que tienen más experiencia para hacerse ver en los medios de comunicación.

¿Cómo se trabaja tranquilo sabiendo que la Sala IV debe decidir aún si su nombramiento es legal?

Nosotros creemos que el nombramiento estuvo bien y que la limitación es solo para el clero católico y romano. Estamos confiados.

Dijo la Procuraduría que usted sirve a dos señores ¿A quién debe obediencia? ¿A Dios o al país?

En mis principios y valores, es muy importante la fe cristiana, a Dios; pero al llamarme esta tarea, se lo debo al señor presidente.

Usted no ha renunciado a sus votos de obediencia como obispo.

Los luteranos hacemos voto de obediencia a Jesucristo como mediador; no tenemos una estructura papal como la católica. Nosotros tenemos un carácter democrático y a ese cuerpo le respondemos. Y tenemos confesiones, que significa que creemos en la Biblia y en los sacramentos y a eso le obedecemos. No hacemos un voto de obediencia a una persona; hacemos un voto de obediencia a ese cuerpo teológico.

¿Es usted impulsor del proyecto de libertades religiosas?

El plan ayuda a poner orden. En este país un club de amigos o de fútbol tienen la misma personería que una iglesia. Esa legislación existe en la mayoría de países, para que no todo el que tenga un garaje pueda armar una iglesia.

Si un grupo pide su derecho a ejercer como iglesia, ¿se le niega?

Debe reconocerse teológica y jurídicamente. Eso permitiría al país decidir los movimientos religiosos que tienen los principios de una sociedad y que pueden cumplir una serie de regulaciones (...). Lo que se plantea es que las iglesias que tienen obra social y cumplan con requisitos, puedan ser inscritas como tales. La idea es que puedan recibir un beneficio del Estado, como muchas ONG y sobre todo bajo un orden legal; no es nada excepcional.

¿Y la idea es entonces un estado laico o multirreligioso?

Se ha dicho que se trata de un Estado laico, pero no sin Dios.

¿Y por qué un Estado debe tener un dios? ¿Un Estado con fe?

No es que debe tener un dios, es que cree en un dios como tal, pero ese sería otro debate.

¿Apoyaría los proyectos de ley que existen por un Estado laico?

Ya veremos cuál será el camino.

¿Por qué un gobierno del PAC no impulsa el proyecto de derechos de parejas homosexuales o el de fertilización in vitro (FIV)?

Estamos buscando puntos de encuentro en la Asamblea Legislativa, en estos y otros temas.

O sea, es “estrategia política”.

Estrategia política... Yo le llamaría concertar los votos necesarios. Es muy probable que en este momento no salga bien la FIV. Necesitamos diálogos y agendas mixtas en estos y otros muchos temas.

¿Pide entonces paciencia?

Es que no es por decisión de la Casa Presidencial, mucho menos ahora con tanta fragmentación en la Asamblea Legislativa (...). Así lo decidió la población.

¿Sabe usted que hay gente decepcionada del Gobierno?

Imagino que sí. No soy ciego. Hay gente que deseara que el Gobierno se llevara de otra manera, que quisiera seguir con el personal en las instituciones, con los negocios turbios y favoreciendo a familias y amigos, y las gerencias que ya tenían 16 o 18 años. Hay gente a la que le gustaba ese estilo.

¿Ha sido complicado el manejo de mandos medios?

Lo más difícil no ha sido nombrar juntas directivas, sino las formas de operar en los ministerios. Hay una cultura ya hecha.

La oposición entonces no es tanta en la Asamblea Legislativa como dentro de las instituciones.

La oposición está en todo lado y tenemos que aceptar que hay gente que no ganó estas elecciones, pero quedó con puestos importantes en el aparato del Estado y a veces no son los que más facilitan nuestra tarea. Estamos empeñados en convencerlos para que se acomoden.

Usted dijo a los periodistas que don Iván Barrantes no daba ningún servicio en la Presidencia y después supimos que sí. ¿Por qué mintió?

Mi comprensión en ese momento fue esa. Desde mi punto de vista él estaba haciendo solo un diagnóstico de comunicación. No mentí.

¿Es usted hábil en política?

Yo no me crié en los partidos, pero habilidad política la tengo desde que nací y desde joven, siempre con grupos. No soy visible en la política tradicional y eso me da otro estilo.

Debe de ser difícil tener a Ottón Solís como diputado oficialista.

Él es muy particular. Tiene sus propios criterios y a veces cree que está más cerca del Partido.

Él dice que ya no confía en usted. ¿Usted sí confía en él?

Yo confío en los 57.

Pregunto en concreto por él.

Él es fundamental en la vida del Partido y espero superemos esta desinformación, porque eso fue, por el bien del PAC y del país.

¿Preferiría no tenerlo ahí?

Sería mejor que desde la fracción oficialista tuviéramos espacios para hacer las críticas. Hay cosas que se hablan primero en casa.

Deme los tres principales logros de este gobierno.

Prefiero que eso lo diga el señor presidente. Me lo pidió él (...). La cantidad de actos de corrupción que estamos parando liberarán mucho esfuerzo para lo que queremos hacer en próximos meses.

¿ Su mejor momento aquí?

Esos momentos en que nos sentamos con el presidente frente a una taza de café a revisar la ruta que llevamos. Eso tiene un valor incalculable, sea que continúe o no en esta administración. Me siento contento (...). Estoy comprometido a servirle hasta donde él diga.