Hogares recibirán subsidio de ¢75.000 y acceso preferente a programas sociales del Estado

Por: Natasha Cambronero 26 marzo, 2015
El precario Gracias a Dios, ubicado en la entrada al barrio Sagrada Familia, es un ejemplo de la desigualdad y el rezago en educación en Costa Rica que advierte el último Estado de la Nación.
El precario Gracias a Dios, ubicado en la entrada al barrio Sagrada Familia, es un ejemplo de la desigualdad y el rezago en educación en Costa Rica que advierte el último Estado de la Nación.

Con un subsidio de ¢75.000 al mes y el acceso preferente a los programas sociales, el Gobierno se comprometió a sacar a 54.600 familias de la pobreza extrema.

Ese es el objetivo del programa "Puente al Desarrollo" que anunció este jueves el ministro de Desarrollo Humano e Inclusión Social, Carlos Alvarado, en compañía del presidente, Luis Guillermo Solís; la Primera Dama, Mercedes Peñas, y la segunda vicepresidenta de la República, Ana Helena Chacón.

El Gobierno promete bajar en un 57,5% la cantidad de hogares que no pueden tener la comida diaria o dónde vivir.

La población en pobreza extrema, que ahora representa un 6,7% de los hogares costarriceses, quedaría reducida a alrededor de 40.210 hogares, al cierre de esta administración en el 2018.

El Ejecutivo priorizará la atención de esas familias que se concentran principalmente en 75 distritos de todo el país.

Para ello, el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), designó a 170 cogestores que serán los encargados de definir cuáles son las necesidades de esas familias y determinar cuáles ayudas del Estado requiere.

Entre otros programas, cada uno de esos hogares tendrá acceso preferente a las capacitaciones del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y del Instituto Nacional de la Mujer (Inamu); bonos de vivienda y becas de Avancemos y del Fondo Nacional de Becas (Fonabe).

Así como, seguros de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) y pensiones del régimen no contributivo, para los adultos mayores.

La ayuda económica de ¢75.000 solo se le asignará a aquellas familias que hagan uso efectivo de los programas de capacitación y educación, en aras de que en algún momento puedan obtener un mejor trabajo o abrir su propio negocio y no necesiten más la ayuda estatal.

"Queremos pasar de una estrategia asistencialista a otra que fomente las capacidades de las personas", expresó Alvarado durante la presentación del programa en el Parque La Libertad.