Unos 35 hogares conformaban el poblado; ahora si acaso quedan tres

 7 agosto, 2014

Turrialba. El poblado de Jesús María, en el distrito de La Isabel de este cantón, tenía unas 35 familias y ahora solo quedan tres. Las demás huyeron del deslizamiento que las amenaza desde hace siete años.

Se trata de un pueblo ubicado 10 kilómetros al este de la ciudad de Turrialba, carretera a Santa Teresita, en Cartago.

Antes era muy activo pues tenía puesto policial, plaza de fútbol, escuela, iglesia –aún en pie– y el sacerdote llegaba los domingos para oficiar misa.

Poco a poco, todo ha ido quedando abandonado; lo más reciente fue el salón comunal, que desde el 24 de julio tiene un sello de “clausurado” por el Ministerio de Salud.

Ese salón servía de escuela, luego de que la verdadera también fuera cerrada debido al riesgo. Ahora los 11 estudiantes de la comunidad deberán ser reubicados.

“Viera lo que duele ver cómo el lugar se ha despoblado y que ahora le digan pueblo fantasma”, expresó Gisella Pereira, vecina y presidenta de la Junta de Educación.

“Antes acá había edificio escolar, pero fue clausurado hace años por este problema de la falla. Tener la escuela en el salón por lo menos nos hacía sentir con vida, pero uno sabe que este lugar es peligroso”, añadió Pereira.

La pesadilla. Los problemas en Jesús María comenzaron en el 2007, cuando la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) advirtió de la activación de un deslizamiento.

“Esto consiste en movimientos de tierra constantes que provocan que las estructuras sufran daños importantes; eso es lo que se ha venido viendo en los últimos tiempos. La situación se agrava y no se acaba”, explicó Julio Madrigal, geólogo de la CNE.

El profesional hace inspecciones periódicas en la zona junto con miembros de la Comisión Municipal de Emergencias.

Madrigal insistió en que se trata de una zona de alto riesgo y, aunque quedan ya pocas casas, no la pueden perder de vista.

Las primeras evidencias aparecieron en la parte baja del río Reventazón, por donde pasaba el ferrocarril. Ahí se formaron grandes grietas y se vieron deslizamientos de terreno de hasta cuatro metros. Así continuó hasta destruir la mayor parte del poblado.

Los vecinos que ya se han ido y los que preparan su traslado trabajan en desarmar lo que el deslizamiento dejó con alguna utilidad en sus viejas casas. Se llevan baldosas, latas de cinc y cerchas, que luego tratan de negociar o usar en la nueva vivienda.

“Ahora yo vivo con mi esposo en Pacayitas; hoy vine a ver porque después del temporal me dijeron que esto estaba peor. Es increíble cómo en tres meses esto ha cambiado”, lamentó Marina Gómez Cabezas, de 72 años.

Cada vez que hay un temporal, la tierra se ablanda y se desplaza todavía más. Incluso, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) ha tenido que llegar a sustituir muchos de los postes del alumbrado pues se cayeron.

“Se le viene dando seguimiento al sector de Jesús María desde el 2008, ya que efectivamente es una zona de alto riesgo; incluso, se habían declarado algunas casas como peligrosas para la vida”, confirmó Guiselle Solano, directora del Área Rectora de Salud de los cantones de Turrialba y Jiménez.

Según la funcionaria, se hacen esfuerzos para que la gente abandone definitivamente la zona, aunque reconoce que es muy difícil obligar a todas las familias.

Para los lugareños, una de las mayores dificultades al salir del caserío amenazado es tener que ir a alquilar casa pues casi todos son de escasos recursos.

Algunos de los habitantes, quienes prefieren no dar sus nombres, aseguran que cuando todo comenzó, les ofrecieron ayuda. Les hablaron de reubicarlos y hasta de un proyecto de vivienda.

Todo, sin embargo, quedó en nada y las familias se han ido yendo poco a poco, por su cuenta.

Según la directora de Salud, está previsto que autoridades del Ministerio de Vivienda visiten Jesús María la próxima semana, aunque ya quedan pocos vecinos.