Por: Alberto Barrantes C. 28 julio, 2014
ALBERT MARÍN
ALBERT MARÍN

Hace 40 años, Rose Marie Salgado puso un marcha un mecanismo para enseñar a leer y escribir a niños con discapacidades y problemas de aprendizaje.

Para esta maestra, de 67 años, paciencia y disciplina han sido las llaves para abrirles el mundo de las palabras a 2.124 estudiantes.

En el país, 37.000 niños y adolescentes con alguna discapacidad (70%) asisten al kínder, escuela o colegio, según el Censo 2011.

¿Cómo surgió el interés de crear un método para enseñar a leer y escribir a esta población?

Yo trabajaba en el Centro Nacional de Educación Especial Fernando Centeno Güell , en Guadalupe, y uno de mis estudiantes me dijo que quería aprender a leer. Trabajé con él hasta que logramos la meta. En esa institución, me dieron la oportunidad de difundir el método y ya cuando me pensioné, me dediqué a dar clases privadas, en Moravia.

¿En qué consiste el método?

Es trabajo individual y se aplica según el ritmo de aprendizaje de cada niño. Se fundamenta en la sílaba como base sonora y en un proceso que va escalonado.

”Las letras se aprenden en varios pasos: el niño pinta la letra, repasa el trazo, la dibuja, la repite; pero todos aprenden diferente”.

¿Cómo logró llevar este procedimiento a miles de niños?

Con tiempo. Esto lleva 40 años puliéndose. Fue un sistema de aprender de la mano de los estudiantes. El método está en proceso de publicación porque creo que es una herramienta que puede servir a todos los profesores.

¿Hay un tiempo estimado de lo que dura su plan de enseñanza?

Es muy variable, pero ellos vienen una vez por semana, una hora. Aquí yo marco la pauta por semana y diseño un material para reforzar con el adulto que está con el niño durante la semana. Si logra dar el paso en firme, se avanza.

En el caso de trabajar con niños con síndrome de Down, ¿cuál es la forma de enseñar?

Es diferente porque les cuesta concentrarse más; tienen un avance un poco más lento, pero siempre lo logran y depende mucho del apoyo que reciban de la casa.

¿Qué esfuerzos hacen las familias de estos niños?

Los padres de familia son el motor de todo esto. Hacen esfuerzos económicos y de tiempo. Hay familias que vienen de Orotina. Hubo una familia que venía de Nicoya, recibía terapia de lenguaje y el mismo día se iba para Guanacaste.

¿Qué diferencia destacaría de cuando empezó a ejercer la Educación Especial, en comparación con la actualidad?

En estos momentos existe la estimulación temprana, que es un tesoro para el avance de los niños. Es una maravilla porque existe la posibilidad de la inclusión. Antes los tenían marginados.

¿Qué se necesita para que un docente atienda adecuadamente a la población con discapacidad?

Es una combinación entre paciencia y exigencia. Hay que tener carisma, una mano firme y nunca tratar a un niño de pobrecito.

¿Cómo hace cuándo el niño tiene problemas para concentrarse o llega indispuesto para aprender?

Ahí es cuando hay que ser exigente. Todo niño agradece la firmeza. Hay que eliminar la frase del pobrecito. Pese a su situación especial, el niño no tiene motivos para ser una persona maleducada.

¿Con qué materiales empezó a trabajar esta experiencia?

Empecé con moldes en cartón y emplasticados. He diseñado sistemas para los que aprenden más lento y otros mecanismos para los que van más rápido.

¿Qué barreras siguen enfrentando los niños con discapacidad y sus familias?

Todavía topan con el rechazo de muchos centros educativos y cuando llegan al colegio les cierran muchas puertas y los padres no saben cómo demostrarles que sí pueden (sus hijos). Eso es muy frustrante.

”Otra es que los programas no se adaptan a las condiciones de los niños. La verdadera inclusión se da si el niño entra a primaria y tiene las bases para aprender a leer y escribir; de esa forma, puede seguir el ritmo de sus otros compañeros”.

¿Y el método evolucionó con el uso de la tecnología?

(Risas) Pues sí; cuando empecé a trabajar emplasticaba las láminas con máquinas de coser. Luego usé el plástico adhesivo y después importé unos moldes de letras de los Estados Unidos, que fue como abrir el sol. Vino la computadora y metí todo el material en digital y ahora también usamos grabadora para hacer autoevaluación de lectura.

¿Qué es básico para que el método funcione?

Poner límites. No hay por qué permitirles berrinches ni hacerlos sentir inferiores.

¿Cómo valora la formación docente que reciben en Costa Rica los futuros profesionales en Educación Especial?

Hay cosas que creo se podrían mejorar. Repito, una inclusión verdadera se dará en el momento en que se le enseñe al niño a leer y a escribir, de forma que no se sienta perdido en el aula.

¿Cuál fue su motivación para estudiar Educación Especial?

Fue un impulso luego de que fui a conocer la Escuela de Enseñanza Especial y don Fernando Centeno Güell me llevó a hacer un recorrido por la institución. Sin embargo, cuando uno sale de una carrera, no sabe ni una décima parte de lo que acumula con la experiencia.

¿Cuánto tiempo seguirá dedicándose a enseñar su método?

Hasta donde Dios me preste la vida porque no me veo metida en la casa, haciendo nada. Mientras yo me sienta útil y sea útil, aquí me quedo. Yo tuve el tesoro más grande que puede tener un ser humano, que es trabajar en lo que a uno le gusta y le apasiona.

”Hay nostalgia cuando un niño termina el proceso, pero una satisfacción enorme de que las barreras se superen, si uno quiere”.