Desde que entran a escuela, les dan un pupitre para que lo pinten como quieran con la condición de cuidarlo mientras estudian ahí

Por: Ángela Ávalos 3 julio

Un sonriente Triceratops amarillo contempla desde el pupitre a Jeremi Martínez García todos los días.

Lo pintó el pequeño con ayuda de sus papás y su maestra desde que ingresó a primer grado en el Centro Educativo Jiménez, en Pococí, Limón.

Jeremi está en segundo y su prehistórico amigo lo acompañará hasta sexto con la condición de que el chiquito cuide del humilde pupitre de madera, transformado en un escenario tropical para cuadernos y libros de texto.

Cada uno de los 550 alumnos de esa escuela limonense, convirtió su pupitre en una pequeña obra de arte gracias a la iniciativa de la maestra Milena Méndez.

La idea prosperó al punto de que, en casi dos años, el arte se trasladó a las paredes de las aulas y pasillos, y se apoderó también de zonas de juego y hasta de los lavamanos, en uno de los cuales nada Nemo, el pez payaso que saltó a la fama en la película de Pixair.

Los artistas han sido los propios estudiantes, sus familias y maestros, quienes han puesto materiales, trabajo y creatividad.

"Cuando llegué acá, la iniciativa ya estaba", explica Bernardo Salazar Vargas, director de la escuela desde agosto de 2015, atribuyéndole el mérito a Méndez.

Para él, muchas escuelas se convierten en un lugar de desmotivación y casi que en una cárcel porque limitan a los estudiantes.

A cada estudiante que ingresa a la Escuela Jiménez, en Pococí, Limón, se le da un pupitre y se le dice: 'es suyo. Píntelo como usted quiera y cuídelo hasta que salga de aquí'. Padres, maestros y estudiantes han asumido el reto: pintaron pupitres, aulas y pasillos y convirtieron a esta escuela en una hermosa galería de arte. La iniciativa de una maestra, ha bajado las ausencias y mantiene motivados a los 550 alumnos de este centro educativo. En la foto, Jeremi Martínez García, de segundo grado, quien sueña con conocer un dinosaurio.
A cada estudiante que ingresa a la Escuela Jiménez, en Pococí, Limón, se le da un pupitre y se le dice: 'es suyo. Píntelo como usted quiera y cuídelo hasta que salga de aquí'. Padres, maestros y estudiantes han asumido el reto: pintaron pupitres, aulas y pasillos y convirtieron a esta escuela en una hermosa galería de arte. La iniciativa de una maestra, ha bajado las ausencias y mantiene motivados a los 550 alumnos de este centro educativo. En la foto, Jeremi Martínez García, de segundo grado, quien sueña con conocer un dinosaurio.

"A los pupitres le agregamos murales dentro de las aulas para que el niño no sienta que el aula es una cárcel, que se sienta bien y motivado.

"Les damos la opción a los papás de llevar a pintar los pupitres a la casa o se coordina para que vengan aquí, en una actividad familiar", cuenta Salazar.

Colores y arte

Jeremi sueña con conocer a su Triceratops en persona algún día.

"Me gustan mucho. Siempre he querido conocer uno", relata.

Sus compañeros de escuela también tienen sus propios personajes.

Kevin Escalante, de 10 años, pintó un enorme tigre sobre su pupitre porque es un animal que le gusta mucho.

A Cristel Fallas Soto, un tío le ayudó a dibujar a Minnie, la ratoncita que, según dice, la motiva a ir cada día a la escuela.

"Queremos hacer sentir al niño diferente, en un ambiente bonito, de confianza y armonía para que no se sienta mal. Me gusta dar énfasis al arte y la cultura como modificadores de la conducta". Bernardo Salazar, director.

Y Kiara Rojas, de quinto grado, pintó dos perritos que salen en una de sus fábulas preferidas.

Según el director, todavía es muy temprano para medir el impacto de una acción como esta en la permanencia de los estudiantes en las aulas y en su nivel de rendimiento.

Sin embargo, perciben que las ausencias y las llegadas tardías son hoy mucho menos frecuentes que antes de haber echado a andar esta iniciativa.

Salazar asegura que en su escuela se respeta la diversidad y al niño se le permite pintar con sus colores y personajes favoritos.

"Siempre he tenido la consciencia de que la escuela debe ser diferente a lo común…", agregó Salazar, quien es puntarenense de nacimiento pero acumula años como docente en varias comunidades de Limón, como Pueblo Nuevo, Ticabán o Cariari.

Escuela nueva

Cuando los alumnos regresen de sus vacaciones de medio periodo encontrarán la escuela con otros colores.

No el verde o el celeste o el gris tradicionales: color melón, con una franja inferior de tono terracota.

"Queremos hacer sentir al niño diferente, en un ambiente bonito, de confianza y armonía para que no se sienta mal. Me gusta dar énfasis al arte y la cultura como modificadores de la conducta", asegura el director.

Los 550 estudiantes son hijos de comerciantes, docentes, médicos, dependientes, obreros y abogados de la comunidad. Alrededor de un 20% son de otras nacionalidades.

En la mayoría de las aulas, hay un mural cuya confección también es obra colectiva.

Árboles, bananales, mariposas, aves y, por supuesto, el mar, se pueden disfrutar en las paredes de las aulas. A cada maestro y grupo de alumnos, se les dio la libertad de decorar su espacio.

Por su modelo tan particular de enseñanza, el Centro Educativo Jiménez fue seleccionado en el Programa 'Con Voz', del Ministerio de Educación Pública (MEP), junto a un centenar de escuelas líderes para bajar la deserción, el matonismo escolar y otras formas de violencia.

El siguiente proyecto será estrenar escuela nueva, más de 110 años después de que el centro educativo abriera sus puertas a la enseñanza de los niños de esta comunidad.

Según contó el director, el terreno de la actual no tiene espacios suficientes para que los niños disfruten de áreas verdes y de juego.

El proyecto para construir el nuevo edificio está en manos del MEP.

Cuando sea que esto ocurra, es seguro que el arte también los seguirá adonde quiera que vayan.

Colaboró la fotoperiodista Melissa Fernández

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