Por: Daniela Cerdas E. 7 febrero, 2016

Rebeca Molina, una indígena de Monte Sión de Talamanca, aún recuerda aquellos días cuando se preparaba para bachillerato y el examen de admisión a la UCR, de madrugada o mientras le daba de mamar a su hijo.

Por un momento, dudó de si podía ganar las pruebas nacionales, pero lo logró.

También dudó de poder ingresar a la Universidad de Costa Rica (UCR), pero hace un par de semanas recibió la noticia por la que se quemó las pestañas: fue admitida para estudiar Turismo Ecológico en la sede del Caribe de ese casa de enseñanza.

“Ingresar a la Universidad de Costa Rica era mi mayor anhelo, por mi hijo, por mi familia y por mí. Lo logré, ya soy una universitaria. Ahora tengo que ponerme las pilas y estudiar más que antes”, dijo Molina, de 19 años.

La Nación conoció a Rebeca unas semanas antes de que comenzaran las pruebas nacionales, en noviembre.

La joven estudió para bachillerato y para el examen de admisión en el Liceo de Shiroles, ubicado en Talamanca. Ella y sus compañeros no tenían aulas, ni comedor. Estudiaban bajo los árboles, en medio de un sol abrasador. Cuando llegaba a su casa, se encargaba de su bebé de dos años, quien le demandaba mucho tiempo y quería estar todo el día “encima” de ella.

La mejor hora para estudiar era la madrugada, cuando su hijo estaba durmiendo.

A pesar de que no cabe de la felicidad por ingresar a la “U”, Rebeca extrañará que su pequeño se le suba en los hombros mientras ella hace sus prácticas, pues su mamá se encargará de cuidarlo para que ella asista a la universidad.

“Yo vendré a visitarlos todos los fines de semana. Esto también es por mi hijo. Él está orgulloso de mí”, manifestó Molina, quien espera ayudar a otros muchachos en el proceso para entrar a la universidad, tal y como lo hicieron con ella.

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