Por: Ángela Ávalos 7 febrero

Upala. Las zapatillas de bailarina ya tienen el cuero descascarado de tanto uso. Alguien se las regaló, al igual que la blusa de la Cenicienta que este lunes se puso en vez del uniforme escolar.

Angie Reyes Obando, de 8 años, no estaba feliz por llegar a su primer día de clases sin el atuendo de rigor. Su hermana Valeria, de 7 años, tampoco llevaba la tradicional blusa blanca ni la enagua azul.

Estas pequeñas son parte de los 17 alumnos de la Escuela El Rosario de Upala que no pudieron conseguir uniforme para el regreso a clases.

Hammeth Villalobos Murillo, director y maestro del centro educativo, comentó que casi todas las familias de sus 30 alumnos perdieron lo poco que tenían con el huracán Otto, en noviembre pasado.

A diferencia del centro de Upala, a esta escuela no ha llegado la ayuda que en otros sitios se ha recibido abundantemente en forma de ropa, enseres y útiles, a pesar de estar ubicada a unos 5 kilómetros de la cabecera del cantón, sobre la carretera principal.

La escuela tiene casi 60 años de fundada. La primera aula, con techo de palma y bambú, la levantó la comunidad en 1958.

Vanessa Obando Castillo es la mamá de Angie y Valeria. Esta empleada doméstica ocasional –trabajo con que alimenta a sus hijos cuando le sale trabajo– no tuvo suficiente dinero para comprarles uniformes ni útiles.

Fue en la propia escuela donde le regalaron un único salveque para sus hijas, con dos paquetes de cuadernos.

En El Rosario, el huracán también causó estragos la noche del 24 de noviembre anterior. Por aquí serpentea el río Zapote, el mismo que arrasó el centro y los alrededores de Upala.

Sus aguas llegaron hasta la escuela, pero no con un efecto tan devastador como en otros sitios. La salvó estar en un altillo y tener una malla que atajó los palos que traía la crecida.

Villalobos explicó que la califica como escuelita unidocente, a pesar de tener cuatro maestros, contándolo a él.

Los cuatro hacen de misceláneos y les ha tocado, además de los preparativos usuales para entrar a clases, limpiar y lavar lo que el temporal les dejó.

Ayer los 30 estudiantes acudieron a un acto simbólico. Gracias a un dinero que donaron unos extranjeros en diciembre, los alumnos y sus cuatro maestros pudieron almorzar pollo frito y refresco.

Lo que oficialmente les han comunicado es que podrían llegar unos fondos para mejorar la infraestructura.

Según información difundida por la Presidencia de la República, el huracán Otto causó daños en 24 centros educativos en Upala, de los cuales seis requieren intervención y 18 más reparaciones. La inversión será de unos ¢1.000 millones.

A pesar de los problemas, señaló Presidencia, escolares y colegiales de las zonas afectadas sí reiniciaron clases.