Por: Daniela Cerdas E. 12 marzo

A la Escuela Dante Alighieri, en Lourdes de Montes de Oca, hace cinco años llegó una niña de padres asiáticos pero nacida en Costa Rica.

Durante su infancia, solo se relacionó con sus papás y un hermano, y estos únicamente le hablan en mandarín. Por esa razón, no aprendió el español.

Cuando llegó a primer grado, sus maestras comenzaron a enseñarle el idioma, pero la tarea resultó muy complicada. Las señas se convirtieron en la principal forma de comunicación con la menor, que tuvo que repetir el año.

Ante las circunstancias y tras detectarle una leve discapacidad intelectual, en el centro de enseñanza decidieron hacerle una adecuación curricular significativa.

Actualmente, la alumna, de 10 años, está en cuarto grado, pero sigue un plan de estudios de primero, explicó la maestra Xiomara Hidalgo. En este se hace énfasis en Español básico y Matemáticas.

“Aunque es nacida aquí, ella tiene un desfase cultural; los papás no se han adaptado a nuestras costumbres. El papá no habla nada de español y la mamá solo un poco.

La maestra trabaja muy de cerca con la menor . | MAYELA LÓPEZ
La maestra trabaja muy de cerca con la menor . | MAYELA LÓPEZ

”Yo la pongo a escribir su nombre, a hacer sumas y restas, pero luego del mediodía, ella ya no quiere trabajar; cruza los brazos y se echa para atrás. Está muy cansada, dice”, relató la educadora.

En el aula, los compañeros le tienen mucho respeto, pues a pesar de que no habla mucho español, tiene liderazgo o, como dice su maestra, “don de mando”. Todos atienden sus indicaciones de hacer fila y ordenar cosas, pues, de lo contrario, ella los acusa con señas.

“Es hiperordenada. Este año ha tenido avances; la maestra itinerante la ve los lunes y eso la ha ayudado mucho. Ahora pinta sin salirse de la línea”, contó Hidalgo.

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