Por: Cinthya Bran 20 abril, 2014

Eduardo Villarreal es el maestro de Alemania de Santa Cruz. Todos los días viaja 54 kilómetros entre montañas, polvo y varias quebradas para llegar a su lugar de trabajo: la escuela en donde lo espera su único alumno, Keilor Rodríguez Rodríguez, de nueve años.

En este caserío ya no hay niños. Keilor es el último.

“Lo veo como un hijo más y a sus padres como unos hermanos. Uno acá tiene lazos muy fuertes de amistad”, explicó Villarreal.

Cuando lo visitamos, hace más de un mes, Keilor estaba recuperándose de una quebradura.

El yeso le impedía caminar por sus propios medios los dos kilómetros que lo separaban de la escuela. Por eso, su maestro se dio a la tarea de darle clases en casa.

“El maestro es muy bueno conmigo y viene a mi casa a darme lecciones. Estoy usando el cuaderno y lápiz que él me regaló, pero vea hoy él me trajo más útiles nuevos. Quiero ir al colegio de Santa Cruz y cuando grande quiero ser maestro”, dijo Keilor.

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