16 septiembre, 2013

Guatuso. El quinto de seis hermanos, Óscar González, dejó el colegio el año pasado con apenas 14 años al tener que escoger entre comer o estudiar, según relata.

Imagen sin titulo - GN
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La difícil situación económica en Costa Ana, Guatuso (Alajuela), obligaron al joven a convertirse en peón para ayudar a su padre en una pequeña parcela del Instituto de Desarrollo Rural (Inder). Entre él y un hermano pagan la comida de la casa.

“Me dieron una beca de transporte de ¢900 diarios, pero nunca llegó la beca del IMAS (de Avancemos). Si me la hubieran dado, no me salgo, pero fue un asunto de necesidad”, recordó el joven.

Ahora hace el intento de estudiar de noche en un Centro Integrado de Educación para Jóvenes y Adultos (Cindea), tras concluir sus labores del día. Sin embargo, con frecuencia cabecea del cansancio en media clase y, en otras ocasiones, no puede asistir del todo.

González espera que para el próximo año le den la beca para regresar a los estudios a tiempo completo. Confiesa que no se quiere ilusionar pues depende del subsidio.

El sueño del adolescente es convertirse en mecánico.