Por: Sofía Chinchilla C. 3 abril, 2016

Ariana tiene dos historias, que parecen pertenecer a personas distintas. Una, la de sus primeros meses de vida, estuvo marcada por las drogas y horas interminables de llorar sola, hasta quedarse dormida.

La otra apenas se empieza a escribir. Se inició hace un año, cuando un hogar hizo espacio para recibirla, para siempre.

El puente entre sus dos realidades fue la familia de Beatriz Murillo y Francisco Ferrario, quienes durante un año la ayudaron a sanar del maltrato físico y emocional que vivió.

“Los primeros seis meses pasó desesperada en las noches”, recuerda doña Beatriz. Al entregársela, el personal del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), le explicó que su mamá biológica la amamantaba estando drogada, por lo que los químicos le crearon una adicción a la bebé.

También le contaron que a Ariana la encontró un policía, casi milagrosamente, una noche que se hallaba haciendo un operativo en las cuarterías de la zona roja de San José.

“Él escuchó como un gato, y fue a ver qué era. Se encontró con ella, metida en el cajón de un mueble que había ahí”, contó.

El PANI la sacó de ese lugar y, en vez de llevarla a un albergue, la puso bajo el cuidado de Murillo.

Se notaba muy delgada y demasiado pequeña para el año y tres meses que tenía.

En el hogar solidario, gracias a la terapia física que recibió, aprendió a gatear y, pocos meses después, pudo caminar.

A pesar de que para un niño es difícil separarse de su madre biológica, doña Beatriz considera que la decisión fue la correcta.

“Una cosa es parir y otra es ser madre. Parir es un acto de la naturaleza, pero ser madre es un acto de amor. La madre es la que está cuidándote, dándote comida, educándote”, expresó.

Los nuevos papás de Ariana la llevan cada cierto tiempo a visitar a su cuidadora, a quien conoce como “tía”.

Esta mujer afirma que su familia siempre estará anuente a recibir niños que necesiten la protección de un hogar temporal. De hecho, ahora cuidan del pequeño Roberto.

“A mí nadie me obliga, ni nadie me paga tampoco. Me llena mucho saber que ellos ya van para el mundo y que no van a ser maleantes. Lo que sí he ganado ha sido poder llenar la necesidad de ellos y ser más persona, mejor ser humano”, aseguró.

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