Cientos de fieles recorrieron el parque del cantón al finalizar la misa solemne

Por: Juan Fernando Lara 16 enero, 2014
Alajuelita se rindió ayer a Cristo. A la salida de la misa, a las 11:30 a.m., arrancó la procesión del Cristo Negro.
Alajuelita se rindió ayer a Cristo. A la salida de la misa, a las 11:30 a.m., arrancó la procesión del Cristo Negro.

Tras su quinta operación de cadera, los doctores sugirieron a la familia de Gloria Gutiérrez Álvarez, de 85 años, despedirse de ella. Su debilidad física auguraba su partida.

Sin embargo, ayer esta vecina de Tres Ríos andaba radiante y feliz, sentada en silla de ruedas junto a varios de sus 15 hijos, cumpliendo la promesa hecha a su difunto padre: ir cada 15 de enero a Alajuelita a dar gracias en el Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas.

“Vengo desde niña y (le) prometí seguir haciéndolo, incluso después de su muerte”, relató Gutiérrez a un lado de la iglesia del cantón, rodeada por cientos de fieles que también llegaron allí a celebrar su fe.

Tantos eran que la mitad del parque, frente al templo, se inundó de gente de todas las edades. Con árboles, sombreros y sombrillas, los creyentes se capeaban el sol que cayó como un mazazo sobre las devotas cabelleras.

La actividad en honor al Cristo Negro se celebra en Alajuelita desde 1818 e incluye fiestas patronales el resto del mes. La imagen original está en Esquipulas, Guatemala, donde sus pobladores la recibieron el 15 de enero de 1595 de manos del escultor Quirio Cataño.

Según la tradición, habitantes de Esquipulas viajaron a la ciudad de Santiago de Guatemala a recoger la imagen. En el viaje de vuelta, quienes la veían por el camino quedaban tan admirados por su belleza que solicitaban su permanencia en el pueblo al menos una noche. Así nació la costumbre de peregrinar.

Esto ocurrió ayer cuando, al término de la misa solemne, la multitud siguió al Cristo en un breve paseo por el parque de Alajuelita.

Juan de Dios Marín y María Vargas vinieron con 12 familiares desde Tabarcia de Mora.
Juan de Dios Marín y María Vargas vinieron con 12 familiares desde Tabarcia de Mora.

Pese al gentío, había solo dos oficiales de Fuerza Pública velando por la seguridad de una fiesta de oración, bombetas y confeti de colores disparado al término de la homilía que presidió el arzobispo de San José, José Rafael Quirós.

El religioso llamó a conservar en el país los valores de la fraternidad, la solidaridad y la compasión.

Gutiérrez no se quedó a la misa; su salud tampoco está para un océano de gente. Sin embargo, su silla con ruedas no era única ayer.

Más sillas se mezclaban entre las decenas de fieles que, de rodillas, avanzaban por el centro del santuario hasta el altar para hacer su reverencia.