8 julio, 2015
El bosnio Ramiz Nukic busca restos humanos en un bosque que está colina abajo de su casa, cerca de Srebrenica, 150 kms al noreste de Sarajevo. Raramente pasa un día en que Nukic no halle los restos de al menos un hombre o niño asesinado hace 20 años en la peor masacre ocurrida en Europa desde la II Guerra Mundial.
El bosnio Ramiz Nukic busca restos humanos en un bosque que está colina abajo de su casa, cerca de Srebrenica, 150 kms al noreste de Sarajevo. Raramente pasa un día en que Nukic no halle los restos de al menos un hombre o niño asesinado hace 20 años en la peor masacre ocurrida en Europa desde la II Guerra Mundial.

Veinte años después de la matanza de Srebrenica, que precedió el fin del conflicto de Bosnia (1992-1995), el país balcánico, uno de los más pobres de Europa, sigue anclado en sus divisiones étnicas.

Bosnia no logró superar las heridas del conflicto que dejó 100.000 muertos y los musulmanes (40%), los serbios (30%, cristianos ortodoxos) y croatas (10%, católicos) siguen mirándose con desconfianza.

Los dirigentes políticos nunca renunciaron a los objetivos de la guerra, sostiene Srecko Latal, director del grupo de reflexión Social Overview Service (SOS).

Los musulmanes quieren "la centralización" y los serbios la "secesión", mientras que los croatas aspiran a una "entidad croata", explica Latal, también jefe de redacción de una red regional de periodismo de investigación (BIRN).

Atizadas por los políticos, las divergencias entre las comunidades se intensifican en los períodos de conmemoración, como la matanza de Srebrenica, en el este de Bosnia, uno de los mayores traumas de la guerra.

Unos 8.000 musulmanes, hombres y adolescentes, fueron masacrados por las fuerzas serbias de Bosnia.

Los musulmanes bosnios quieren que los serbios admitan que se trata de un genocidio, como lo ha tipificado la justicia internacional, pero los bosnios se niegan categóricamente.

"Todo es una mentira recurrente. Nos dicen 'no deben negarlo'. ¿Cómo no negar una mentira?", declaró el sábado pasado el líder político de los serbio-bosnios, Milorad Dodik.

Dos décadas después del conflicto, los líderes de las tres comunidades no logran ponerse de acuerdo en torno a un "mínimo interés común", dice la analista política Tanja Topic.

Los nacionalistas "aplican políticas autistas y fabrican tensiones permanentes" para "de esa forma estrechar las filas" de sus respectivas comunidades, agrega.

"Dividieron el país en zonas étnicas y de interés en las cuales controlan totalmente los flujos financieros y en las que los jefes de las tribus étnicas son los amos de la vida y la muerte", afirma Topic.

Esa política se basa en los acuerdos de paz de Dayton, en Estados Unidos, que puso fin a la guerra y dividió el país en dos entidades, una serbia y otra croato-musulmana.

Debido a las disputas políticas, el acercamiento de Bosnia a la Unión Europea está estancado desde hace años.

Los europeos lanzaron varias iniciativas para reactivar el proceso pero sin resultados concretos.

Bosnia atraviesa una difícil situación económica y social. El paro afecta al 40% de la población activa y este año necesitará una financiación de 500 millones de euros para cubrir sus déficits.

La élite política afirma que la adhesión a la Unión Europea es su principal objetivo, pero en realidad no es para nada su verdadero interés, sostiene Topic.

"Esta situación de desorden y de caos es la que más les conviene porque les permite crear leyes y normas a su medida", agrega Topic.

La situación es crítica: sin un acuerdo sobre las reformas europeas indispensables para recibir un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), Bosnia corre el riesgo de hundirse en los próximos meses en "una crisis más profunda aún", dice Latal.

Esa crisis podría generar "movimientos de cólera" de la población y desestabilizar la región, agrega.

"La Unión Europea y Estados Unidos" deben "reforzar su compromiso aquí para impedir que se desmorone Bosnia, lo que podría poner en peligro la estabilidad de toda la región" de los Balcanes, concluye.

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