Gobernantes europeos definieron el domingo como el plazo final

 8 julio, 2015

Bruselas. AP Los frustrados y molestos líderes de la eurozona dieron este martes al primer ministro Alexis Tsipras una última oportunidad de presentar una propuesta viable sobre cómo salvar a su país de la ruina financiera.

Tras superar su sorpresa de ver que Tsipras no presentó un plan detallado, los gobernantes europeos acordaron a regañadientes sostener una última cumbre el domingo, ya que –dijeron– eso daría a ambas partes una oportunidad de evitar el colapso de la desafiante nación helena.

Subrayando la gravedad del desafío, el presidente de la Unión Europea, Donald Tusk, decidió convocar a los 28 gobernantes de la Unión Europea (UE) a Bruselas y no solo a los de los 19 miembros de la eurozona, porque, para el bloque, “quizá sea el momento más crítico de nuestra historia”.

El presidente francés François Hollande coincidió con el punto de vista de Tusk. “No se trata solo de un problema de Grecia, se trata del futuro de la Unión Europea” el que está en juego, apuntó.

Y para resaltar la creciente molestia con Tsipras, el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker tuvo una seria advertencia para Grecia.

“Tenemos un caso hipotético de Grexit, preparado a detalle”, expuso, en referencia a la situación en que Grecia tendría que dejar la moneda única.

A solo unos días de que los bancos de Grecia caigan en una parálisis que podría alejar al país del euro, Tsipras llegó ayer a la reunión solo con propuestas vagas y el compromiso de respaldarlas el jueves con números reales y un plan más detallado.

“Ya veremos si el domingo este asunto está resuelto de una vez por todas”, dijo el primer ministro italiano, Matteo Renzi.

Impacientes. Pero la paciencia entre los aliados de Grecia ya está muy desgastada antes de que tenga lugar la reunión.

“Había un compromiso para hoy (martes). Luego que para mañana”, aseveró la presidenta lituana, Dalia Grybauskaite. “Para el Gobierno griego siempre será mañana”.

Tsipras llegó respaldado con la victoria en el referendo del domingo, en el que la mayoría de los griegos respaldaron su llamado a rechazar las reformas de austeridad que los acreedores habían propuesto.

Pero esa victoria nacional no pareció darle mucha ventaja en las pláticas con los acreedores extranjeros, que saben que Tsipras necesita llegar pronto a un acuerdo para mantener su país a flote.

Los bancos están cerrados desde la semana pasada y no reabrirán antes del jueves, los retiros de efectivo se han limitado durante el mismo periodo y las actividades económicas diarias se han paralizado prácticamente en todo el país.

Los gobernantes europeos reaccionaron con sorpresa y enojo cuando se enteraron de que Tsipras aún no tenía una propuesta por escrito para un nuevo rescate financiero.