Prorrusos y fuerzas ucranianas denuncian presuntos incidentes armados en el este

 6 septiembre, 2014
Una mujer caminó ayer por un huerto, junto a su casa en ruinas, en el bastión separatista de Donetsk, Ucrania. | AFP
Una mujer caminó ayer por un huerto, junto a su casa en ruinas, en el bastión separatista de Donetsk, Ucrania. | AFP

Donetsk. AFP. Los presidentes ucraniano y ruso, Petro Poroshenko y Vladimir Putin, destacaron ayer el respeto global del alto el fuego en el este de Ucrania firmado el viernes, a pesar de que los prorrusos y fuerzas ucranianas se acusaron previamente de violar la tregua.

Tras una conversación telefónica entre ambos dirigentes, tanto Moscú como Kiev destacaron en comunicados que el alto el fuego era “globalmente respetado”.

Asimismo, ambos presidentes abordaron la entrega de ayuda humanitaria a los habitantes de Lugansk y Donetsk, dos bastiones separatistas del este de Ucrania.

Las declaraciones de Putin y Poroshenko se producen después de la denuncia por parte de los rebeldes y de las fuerzas ucranianas de presuntos incidentes armados el viernes en Donetsk y Lugansk, después de la entrada en vigor del alto el fuego . En Mariupol y en Donetsk, periodistas de la AFP constataron que el día se desarrolló en calma.

Tras el acuerdo de alto el fuego, que debía dar paso a negociaciones políticas, los rebeldes exigieron el sábado la independencia.

“Después de las negociaciones, falta el reconocimiento de una república autónoma e independiente (...) en el seno de Nueva Rusia”, declaró el líder separatista, Boris Litvinov, en referencia a las regiones del este y sur de Ucrania.

“A continuación, podemos comerciar con Ucrania e incluso amarla, pero de igual a igual”, añadió Litvinov, para quien las únicas condiciones de Kiev aceptables son el alto el fuego y el intercambio de los prisioneros de guerra .

Dudas. Por su parte, la ONG Human Rights Watch denunció las prácticas de trabajo forzado cometidas por los rebeldes prorrusos en el este del país contra civiles acusados de violar el orden público.

En Mariupol, un puerto estratégico a orillas del mar de Azov que en los últimos días temía un asalto de los prorrusos, algunos habitantes no ocultaron su escepticismo respecto a una tregua duradera.

“En verdad no cambió nada”, indicó Vladislav Lobzin, de 38 años.

“Los expertos piensan que no es un alto el fuego, sino una pausa para permitir la llegada de los refuerzos y evitar el pánico entre la población civil”, indicó este ruso residente en Mariupol.

La tregua anunciada en Minsk no convenció a los países occidentales, que acusan a Rusia de desplegar tropas en el este de Ucrania, pese a los desmentidos de Moscú.

Para Filaret I, patriarca de la iglesia ortodoxa ucraniana, el presidente ruso Putin se convirtió en un “nuevo Caín, que hace derramar la sangre de los hermanos y enreda al mundo con la mentira”, en referencia al personaje de la Biblia que mata a su hermano, Abel, y después niega su crimen.

Los 28 Estados de la Unión Europea acordaron el viernes nuevas sanciones contra Rusia.