Está deciddo a plantar una oposición sin cuartel al gobierno de Mariano Rajoy

 21 mayo
Pedro Sánchez festejó el domingo su victoria en la sede del PSOE en Madrid.
Pedro Sánchez festejó el domingo su victoria en la sede del PSOE en Madrid.

Madrid

Pedro Sánchez, un fiero antagonista del presidente del gobierno de Mariano Rajoy, reconquistó este domingo el cargo de secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con el 90,02% de los votos de las primarias escrutados, según el recuento oficial del partido.

Defenestrado del poder hace siete meses por una rebelión de jerarcas del partido por su oposición a permitir un nuevo Ggobierno del conservador Rajoy, Sánchez obtuvo el 50% de los votos contra el 40% para su principal contrincante, la presidenta regional de Andalucía, Susana Díaz.

Al conocerse los resultados favorables al economista madrileño, de 45 años, militantes estallaron en alegría, gritando "Pedro, Pedro" en las puertas de la sede principal socialista en el oeste de Madrid.

Susana Díaz ya llamó a Sánchez para felicitarlo por su victoria, dijeron fuentes de la campaña de la dirigente andaluza.

De esta manera, Sánchez regresa al frente del principal partido de oposición español, lo cual amenaza la estabilidad del gobierno de Rajoy.

Sánchez ha prometido un giro a la izquierda y un antagonismo frontal contra el líder conservador, incluso pactando con Podemos, el partido que quiere arrebatar a los socialistas el liderazgo de la izquierda española.

Hasta ahora, el PP ha sacado varias leyes con apoyo del PSOE, pero si este empieza a hacerle una oposición sistemática puede que el Parlamento se vea bloqueado y que el país tenga que volver a las urnas mucho antes de que termine la legislatura, en el 2020, advierten analistas.

El resultado de este domingo debe ser ratificado por un congreso del partido el 17 y 18 de junio.

Pedro Sánchez, elegido nuevo secretario general del PSOE, junto a los otros aspirantes al cargo, Susana Díaz y Patxi López (derecha),durante una conferencia de prensa el domingo 21 de mayo en Madrid.
Pedro Sánchez, elegido nuevo secretario general del PSOE, junto a los otros aspirantes al cargo, Susana Díaz y Patxi López (derecha),durante una conferencia de prensa el domingo 21 de mayo en Madrid.

La gran derrotada de la jornada fue Susana Díaz, más moderada, quien pese a contar con el apoyo del aparato del partido, incluidos los dos expresidentes socialistas de Gobierno Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, no pudo superar a Sánchez, quien ya había ganado unas primeras primarias con participación de los militantes en el 2014.

El tercer candidato, el expresidente del País Vasco Patxi López, cosechó solamente el 10% de los votos.

"Aquí lo mataron, aquí resucitó", afirmó Juan José Orts, militante socialista desde 1974 que celebraba la victoria de Sánchez frente a la sede principal del PSOE, donde Sánchez fue defenestrado en octubre pasado.

Fricciones internas. En ese momento, una revuelta de parte de la directiva lo obligó a renunciar por su negativa a permitir un gobierno de Rajoy. Sus detractores le recriminaban dos descalabros electorales socialistas, el último en junio del 2016 cuando el partido obtuvo el peor resultado de su historia con 85 diputados de los 350 del Congreso.

Los promotores de la rebelión, entre ellos Susana Díaz, temían que si se realizaban unas terceras legislativas en un año, el PSOE sufriera una derrota aún peor.

La estrategia de Sanchez de insistir en que haber allanado el camino para que gobernara Rajoy, a quien ataca por los numerosos escándalos de corrupción de su partido, fue "el peor de los errores", convenció a los militantes.

La pregunta es si Sánchez logrará curar las heridas de un Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que llegó fuertemente dividido a sus primarias. "La gran responsabilidad es unir a la organización y canalizar esta corriente de ilusión" de los socialistas, había dicho Sánchez este domingo luego de votar en Madrid.

Al igual que otros partidos socialdemócratas en Europa, el PSOE ha sufrido una migración de sus votantes hacia otros partidos jóvenes, como Podemos o los centristas de Ciudadanos.

Mientras los socialistas se ocupaban en definir su futuro, Podemos presentó el viernes una moción de censura contra Rajoy, y el sábado la defendió con una manifestación en el centro de Madrid.

Su líder, Pablo Iglesias, reconoció que "la moción de censura no va a prosperar" en el Parlamento, por falta de apoyo, pero la presentó como una "obligación moral" ante los escándalos de corrupción del PP, y con miras a un "futuro distinto".