Los purpurados representan a Asia, América Latina, Oceanía y África

 15 febrero, 2015

Ciudad del Vaticano. AFP. El papa Francisco invistió ayer 20 nuevos cardenales procedentes de los cinco continentes, muchos de ellos socialmente comprometidos, con lo que confirma su deseo de impulsar una Iglesia menos eurocentrista.

“Que el pueblo de Dios vea en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad”, instó el Pontífice a los nuevos purpurados, durante la ceremonia solemne que se celebró en la basílica de San Pedro, en el Vaticano.

A los 20 nuevos cardenales, entre ellos cinco latinoamericanos provenientes de Panamá , México, Uruguay, Colombia y Argentina y un español, el Papa los instó a no aceptar injusticias.

Los nuevos “príncipes de la Iglesia” recibieron la birreta roja así como el título y el anillo cardenalicio de manos de Francisco y en presencia del papa emérito, Benedicto XVI, quien estaba vestido con sotana blanca, una prerrogativa de los pontífices.

Tal como ocurrió hace un año, durante la ceremonia de investidura de los primeros purpurados del pontificado de su sucesor, Benedicto XVI asistió en la primera fila de la actividad.

Pese a la solemnidad del acto y del lugar, Francisco recordó a los nuevos purpurados que el cardenalato no es una distinción honorífica ni un accesorio o condecoración, sino un punto de apoyo y un eje para la vida.

En su breve discurso, el Papa trazó el perfil del purpurado de su pontificado: un religioso que conoce la magnanimidad, que ama lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño, que conoce la benevolencia, que vive en la caridad y descentrado de sí mismo.

El papa emérito, Benedicto XVI (derecha, ) saludó ayer a Francisco en la basílica de San Pedro, en el Vaticano, en la ceremonia de investidura de los 20 nuevos cardenales. | AP.
El papa emérito, Benedicto XVI (derecha, ) saludó ayer a Francisco en la basílica de San Pedro, en el Vaticano, en la ceremonia de investidura de los 20 nuevos cardenales. | AP.

Por segunda vez desde que fue elegido Pontífice en marzo del 2013, Francisco decidió premiar con el título cardenalicio a representantes de países pobres y subdesarrollados, en este caso 18 naciones, seis de las cuales no habían contado jamás con un cardenal: Cabo Verde, Tonga, Birmania, Mozambique, Nueva Zelanda y Panamá, con José Luis Lacunza, obispo de David, el primero de la historia de ese país.

Casi todos los escogidos son obispos humildes y sencillos, que han dedicado su vida a los migrantes, a los pobres, o trabajado en ciudades azotadas por la violencia y la pobreza.

De los 15 nuevos cardenales con derecho a voto, solo uno trabaja en la curia romana (el prefecto de la Asignatura Apostólica, el tribunal para los conflictos jurídicos), mientras tres vienen de Asia, tres de América Latina, dos de Oceanía y dos más del continente africano.

Los 20 nuevos miembros del Colegio Cardenalicio representan también la diversidad de la Iglesia católica y deberán aportar sus experiencias al Vaticano.

Los obispos de Tonga, Birmania, Cabo Verde, Adís Abeba (Etiopía), Bangkok (Tailandia), Hanói (Vietnam), de la isla italiana de Lampedusa, de Morelia (México) y David (Panamá) se convierten así en ejes de la Iglesia, como desea el Papa.