Mediterráneo no puede convertirse en un cementerio, dijo, al aludir a los africanos

 26 noviembre, 2014

Estrasburgo, Francia. AFP. El papa Francisco llamó ayer a los dirigentes de una Europa “envejecida” a asumir un mayor protagonismo en el mundo, y reclamó políticas más solidarias con los pobres e inmigrantes ilegales.

En dos discursos que sorprendieron por el tono abiertamente crítico, el Pontífice argentino comparó a Europa con una “abuela” y le pidió que vuelva a ser una “referencia para la humanidad”.

Y tras constatar las tensiones políticas persistentes en Europa, Francisco, descendiente de inmigrantes italianos, pidió a este continente “replegado en sí mismo” no caer “en las tentaciones del pasado” y asumir un papel protagónico inspirado en los valores cristianos.

El Santo Padre exhortó a los dirigentes europeos a “acoger y ayudar” a los inmigrantes indocumentados , en momentos en que los partidos xenófobos de extrema derecha ganan terreno en las elecciones más recientes de varios países, incluidos Francia y Gran Bretaña.

“No se puede tolerar que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio” , dijo el Papa, en referencia a los inmigrantes que arriban desde África. “En las embarcaciones que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda”, señaló.

La primera visita del papa Bergoglio a la ciudad sede de las instituciones legislativas europeas duró apenas cuatro horas, pero el Sumo Pontífice no perdió el tiempo: “Los grandes ideales que forjaron Europa parecen haberse perdido”, deploró.

Europa anciana. “Desde muchas partes, se recibe una impresión general de cansancio y de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz”, dijo Francisco ante un Parlamento Europeo que lo aplaudió, aunque hubo críticas entre bambalinas.

El viaje a Estrasburgo fue la segunda visita efectuada por un papa al Parlamento Europeo, tras la realizada por Juan Pablo II el 11 de octubre de 1988.

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz (der.), conversa con el papa Francisco en la sede de esa institución, en Estrasburgo. | EFE
El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz (der.), conversa con el papa Francisco en la sede de esa institución, en Estrasburgo. | EFE

Francisco advirtió ante la Eurocámara: “Ha llegado el momento de abandonar la idea de una Europa atemorizada y replegada sobre sí misma”, y reclamó, en cambio, un Viejo Continente protagonista.

El Obispo de Roma dedicó buena parte de su discurso de más de media hora a impugnar la “cultura del descarte” de la economía liberal y estilos de vida egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible e indiferente respecto al mundo circundante y sobre todo a los más pobres.

En los extremos del espectro político, la presencia del Papa en el hemiciclo molestó a los más radicales, por considerarla contraria al principio de laicidad. Los diputados españoles de Izquierda Unida abandonaron la sala para manifestar su discrepancia. El mismo rechazo expresó el representante de la izquierda radical francesa, Jean-Luc Mélenchon.

“Fue un festival de hipocresía”, dijo Mélenchon a los periodistas. “Los mismos que crean el cementerio (de indocumentados en el Mediterráneo) aplaudieron” al Papa.

El líder histórico de la extrema derecha francesa, Jean-Marie Le Pen (Frente Nacional), manifestó su disgusto con un Papa “partidario de una entrada masiva de inmigrantes. Espero que se reserve un poco para el Vaticano”.

Vestido con sobretodo, sotana y solideo blancos Francisco se trasladó en Estrasburgo en un banal automóvil cerrado azul y no tuvo prácticamente contacto con el público, salvo un encuentro con una anciana profesora de alemán casi centenaria que le enseñó cuando era joven rudimentos de la lengua de Goethe.

El viaje no incluyó ceremonias de carácter religioso y los fieles solo pudieron seguir su visita a través de imágenes transmitidas en directo por una pantalla gigante instalada en la catedral de Estrasburgo, que para la ocasión echó sus campanas al vuelo pero que el Pontífice no visitó.