Regresa de visita a isla griega que es puerta de migrantes al Viejo Continente

 17 abril, 2016

Ciudad del Vaticano. AFP. “Todos somos migrantes”, clamó el Papa desde la isla griega de Lesbos, símbolo del drama de los refugiados, para los que pidió una solución “digna” tras dar el ejemplo al regresar este sábado al Vaticano con 12 sirios.

Francisco dio una lección al mundo al recibir en su avión a tres familias de refugiados sirios, en total 12 musulmanes, para que inicien una nueva vida bajo la protección del Vaticano.

Un gesto sin precedentes de solidaridad por parte de un pontífice que se hace cargo de esas familias que han perdido todo y sus casas fueron bombardeadas.

“Es una gota en el mar, pero después de esta gota el mar no será más el mismo”, reconoció el Papa ante la prensa durante el vuelo de regreso, inspirándose en la madre Teresa de Calcuta.

Los refugiados se encontraban en Lesbos antes de la entrada en vigor, el 20 de marzo, de un acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Turquía que permite la expulsión de migrantes.

La hospitalidad inicial de los refugiados ha sido garantizada por la Comunidad de San Egidio, una organización católico-italiana y su manutención estará a cargo del Vaticano.

Dos de las tres familias provienen de Damasco y una de Deir Azor, zona ocupada por el grupo yihadista Estado Islámico.

En setiembre del año pasado, cuando Europa central empezaba a levantar vallas contra el flujo de migrantes, el Papa había pedido a cada parroquia del continente que acogiera a una familia, sin diferenciar entre los que huyen de la violencia y los que escapan de la miseria.

“Son (todos) víctimas de la explotación”, dijo Francisco al explicar en el vuelo de regreso su rechazo a distinguir entre migrantes por hambre y refugiados que huyen de la guerra, como prevé el derecho internacional.

La visita de solo cinco horas a Lesbos , puerta de entrada de los migrantes en Europa, estuvo marcada por muestras de afecto hacia los migrantes y por un firme llamamiento a la solidaridad internacional.

Diferencias. El mensaje papal tropieza con los movimientos xenófobos en pleno auge en Europa , pero también con las reticencias de muchos cristianos frente a la llegada masiva de musulmanes.

“Somos todos migrantes”, clamó Francisco en la oración común con el patriarca de Constantinopla Bartolomé y el arzobispo ortodoxo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo.

Los refugiados los recibieron con pancartas en las que se leía Help (ayúdennos), mientras gritaban freedom (libertad) y pedían bendiciones llorando.

Los tres recorrieron el centro de registro de Moria, donde están confinados unos 3.000 migrantes que pueden ser expulsados por haber llegado después del 20 de marzo.

“Quiero deciros que no estáis solos (...) ¡No perdáis la esperanza!”, afirmó el Papa.

“Esperamos que el mundo preste atención a esta situación de necesidad trágica y responda de un modo digno”, dijo.

Un tema que el Pontífice volvió a abordar en el avión y que divide fuertemente a los europeos.

“Yo comprendo cierto temor, pero cerrar las fronteras no resuelve nada”, explicó durante la tradicional rueda de prensa.

“La construcción de muros no es una solución (...) Debemos construir puentes, pero puentes inteligentes, con el diálogo y el trabajo”, recalcó.

Francisco, que estrechó cientos de manos, dio bendiciones y recibió varios dibujos de los niños, reconoció que había sido una jornada conmovedora.

“Hoy, daban ganas de llorar”, confesó a los periodistas.

“El mundo será juzgado por la forma en la que os traten”, advirtió, por su parte, el patriarca de Constantinopla.