3 noviembre, 2015

Ciudad del Vaticano. AFP. La organización católica Opus Dei expresó su “sorpresa y dolor” por el arresto, el lunes, del cura español Lucio Ángel Vallejo Balda, miembro de Opus Dei, acusado de divulgar documentos confidenciales. Fue detenido por la Gendarmería del Vaticano. “Manifestamos sorpresa y dolor por estas noticias”, reconoció, en un comunicado, la Oficina de la Prelatura del Opus Dei en Roma.

“El Opus Dei no dispone de ninguna información sobre el caso. Si la acusación se demostrase cierta, sería particularmente doloroso por el daño hecho a la Iglesia”, agregó.

“Monseñor Vallejo pertenece a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz , asociación de presbíteros intrínsecamente unida al Opus Dei, que no tiene el derecho de intervenir en el ministerio pastoral ni en los trabajos que los socios desarrollan en sus diócesis o en la Santa Sede”, precisó la nota.

La influyente organización conservadora, fundada en 1928 por el sacerdote español Josemaría Escrivá de Balaguer, canonizado por Juan Pablo II en el 2002, se desvincula así de Vallejo, alto funcionario del Vaticano, quien era secretario de la Prefectura para Asuntos Económicos.

Lucio Ángel Vallejo Balda, muy vinculado al Opus Dei. | EFE
Lucio Ángel Vallejo Balda, muy vinculado al Opus Dei. | EFE

“Vallejo fue llamado a trabajar en Roma por la Santa Sede, de acuerdo con su obispo (diócesis de Astorga, España). La prelatura del Opus Dei no intervino ni supo de esa decisión hasta que se hizo pública: los superiores de monseñor Vallejo son los de la Santa Sede y el obispo de la diócesis donde está incardinado (Astorga)”, indicó la nota.

El religioso español permanece detenido en el Vaticano por orden del Promotor de Justicia, anunció este lunes la Santa Sede, que recordó que la divulgación de noticias y documentos reservados es “un delito según la ley IX del Estado de la Ciudad del Vaticano”.

La sombra del caso Vatileaks , que envenenó el pontificado de Benedicto XVI hasta su renuncia en el 2013 planea otra vez en el Vaticano.

En este caso no se trata de documentos robados del escritorio del pontífice alemán, como ocurrió en el 2012, sino de las cuentas del Vaticano y de personas designadas por el mismo papa Francisco para reformar las finanzas.