La cifra se duplicó en un año

 9 febrero, 2015

Moscú

Un lanzador de cohetes ucraniano transita por la carretera cerca de Artemivsk, en el este ucraniano. Los combates entre separatistas prorrusos y las fuerzas oficiales, reanudados en enero, han elevado el número de muertos a más de 5.300 desde el inicio del conflicto armado en abril del 2014.
Un lanzador de cohetes ucraniano transita por la carretera cerca de Artemivsk, en el este ucraniano. Los combates entre separatistas prorrusos y las fuerzas oficiales, reanudados en enero, han elevado el número de muertos a más de 5.300 desde el inicio del conflicto armado en abril del 2014.

Los rusos nunca fueron tan antioccidentales como ahora desde la caída de la Unión Soviética, según un sondeo publicado el lunes, que ilustra la brecha abierta entre Rusia y Occidente tras un año de crisis en Ucrania.

El 81% de los encuestados dijeron tener una opinión "muy mala" o "más bien mala" de Estados Unidos, el doble que un año antes, según el estudio. Cerca de un 42% califican las relaciones entre Washington y Moscú de "hostiles", frente al 4% de solo un año antes.

La actitud hacia los europeos, tradicionalmente positiva, también se ha deteriorado gravemente, con un 71% de opiniones negativas, de nuevo el doble que en 2014.

"Jamás habíamos constatado un resentimiento tan fuerte y agresivo contra Occidente en toda la historia de nuestras investigaciones", dijo a la AFP el director del centro independiente Levada, Lev Gudkov, autor del sondeo realizado a finales de enero en toda Rusia .

Sin demasiada sorpresa, los autores del sondeo constataron que dos tercios de los rusos tienen una mala opinión de Ucrania y casi la mitad creen que las relaciones ruso ucranianas son hostiles.

Para los sociólogos del centro Levada, la aversión de los rusos hacia Occidente se explica por la "agresiva" cobertura de los medios públicos rusos, que califican de "propaganda".

Paralelamente, las sanciones occidentales y la espectacular caída del precio del petróleo han provocado el hundimiento del rublo y un grave deterioro de la economía rusa. En los últimos meses, las grandes empresas públicas del país han visto cómo se les cerraba la financiación en los mercados internacionales y se han producido masivas fugas de capital.

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