6 marzo, 2015

Estambul. AFP. Periodistas, artistas o ciudadanos de a pie: no hay quien se libre en Turquía de ir a juicio por “insulto” al presidente Recep Tayyip Erdogan , acusado por sus detractores de autoritarismo.

El juicio que comienza hoy ante un tribunal de Konya (centro) ilustra la nueva moda judicial impuesta en los últimos meses por el gobierno islamista conservador al frente del país euroasiático desde el 2002.

En el banquillo de los acusados, se sentará un estudiante de secundaria y activista de izquierda de 16 años, acusado de haber llamado en público al presidente “jefe de los ladrones”, en referencia al escándalo político financiero de hace un año. Podría ser condenado a hasta cuatro años de cárcel por haber dañado su prestigio.

Su detención, en plena clase, suscitó en diciembre una oleada de indignación que ha obligado al gobierno a liberarlo.

En Turquía eran habituales los procesamientos por difamación, explica Emma Sinclair-Webb, de Human Rights Watch, “pero encarcelar a personas por ‘insulto’ constituye una nueva tendencia preocupante, inédita estos diez últimos años”.

Desde hace unos meses la tendencia va en aumento. Cada palabra, artículo o tuit crítico con Erdogan puede acabar sentando al autor en el banquillo.

En Estambul, un periodista del periódico opositor Cumhuriyet , Can Dündar, está siendo procesado por haber publicado una entrevista a un fiscal –destituido desde entonces– que abrió una investigación anticorrupción contra las autoridades.

Recep Tayyip Erdogan (penúltimo, derecha) oró el luens en la mezquita del Profeta Mahoma en la ciudad santa de Medina, Arabia Saudí. | AP
Recep Tayyip Erdogan (penúltimo, derecha) oró el luens en la mezquita del Profeta Mahoma en la ciudad santa de Medina, Arabia Saudí. | AP

“Acabar en el tribunal se ha convertido en algo natural en nuestra profesión”, lamentó Dündar.

En Esmirna (oeste), varios estudiantes fueron detenidos por haber gritado “¡Erdogan ladrón!” en una manifestación. Y una antigua Miss Turquía, Merve Buyuksarac, ha sido amenazada con un juicio y con la cárcel por haber publicado en su cuenta Twitter un poema satírico que se burla del jefe del Estado, con el himno nacional de fondo.

“Hace 20 años que soy activista de los derechos humanos, no recuerdo una época peor para la libertad de expresión en Turquía”, resume una responsable de la Asociación turca de los Derechos Humanos (IHD), Sebla Arcan.

La mayoría de los expedientes se abren en virtud del artículo 299 del código penal turco, que castiga con hasta cuatro años de prisión a toda persona declarada culpable de haber “atentado contra la imagen del presidente”.

Desde su elección en agosto pasado como presidente, Erdogan echa mano de este artículo muy a menudo. No es algo nuevo para él: durante sus 11 años a la cabeza del gobierno ya era aficionado a los pleitos por difamación o insulto.

El primer ministro Ahmet Davutoglu lo apoya. “Todo el mundo debe respetar la función presidencial”, declaró recientemente.

Después del atentado contra el diario satírico francés Charlie Hebdo, Davutoglu reiteró que la libertad de expresión no significaba “libertad de insultar”.

El mes pasado, Erdogan justificó sus demandas alegando que ejercía su “derecho a la autodefensa”.

El argumento saca de quicio a sus adversarios políticos, que denuncian una “dictadura” y reclaman la abrogación del artículo 299.

“Esta cultura política autoritaria que no tolera la crítica constituye un serio obstáculo a las libertades”, se indigna Aykan Akdemir, diputado del opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP, socialdemócrata).

En el extranjero, los aliados de Ankara también están preocupados.

“La idea de que alguien, redactor jefe, estudiante de 16 años o taxista se exponga a un procesamiento o incluso a la cárcel por haber expresado su opinión en una reunión pública o en una red social es problemática”, estimó un responsable del Departamento de Estado estadounidense encargado de los derechos humanos, Thomas Melia.

Pero a veces, este abuso de los tribunales se vuelve en contra del presidente.

El martes, un tribunal condenó a Erdogan al pago de 10.000 libras turcas ($3.800) por daños y perjuicios a un escultor por haber calificado de “monstruosidad” una de sus obras.