7 agosto
Una estatua ecuestre de Alejandro Magno, de 13 metros de alto, se yergue en la plaza Central de la capital macedonia, Skopje. Oficialmente, al monumento se le denomina Guerrero a caballo.
Una estatua ecuestre de Alejandro Magno, de 13 metros de alto, se yergue en la plaza Central de la capital macedonia, Skopje. Oficialmente, al monumento se le denomina Guerrero a caballo.

Skopje

Tras un cuarto de siglo de una disputa que para otros países podría parecer cómica, Macedonia quiere zanjar el conflicto que la opone a Grecia respecto a su nombre, y Atenas esta vez no se opone.

El nuevo primer ministro macedonio, el socialdemócrata Zoran Zaev, afirmó su intención desde su elección a principios de junio. Y ya se ha establecido un calendario de reuniones bilaterales.

El contencioso remonta a la independencia de la antigua República yugoslava de Macedonia en 1991, cuando el nuevo Estado empezó a reivindicar su historia macedonia. Sobre todo la de sus dos grandes reyes, Felipe II de Macedonia (382-336 a.C.) y su hijo Alejandro Magno (356-323 a.C.), cuyo reinos abarcaban hasta la actual región griega septentrional de Macedonia.

Desde entonces, Atenas niega a Skopje el derecho a su país a llamarse Macedonia y, mientras no se resuelva la situación, se opone a la entrada de su vecino a la Unión Europea (UE) y a la OTAN.

Entre tanto, Macedonia es llamada, por Grecia y muchos países europeos, con el nombre provisional de "ARYM" (Antigua República Yugoslava de Macedonia), reconocido por la ONU.

En Grecia, la controversia por el nombre empezó en 1992, después de que un millón de personas se manifestaran en las calles de Tesalónica, la capital de la región de Macedonia.

En el 2016, el ministro de Inmigración, Yannis Mouzalas, estuvo a punto de dimitir tras haber mencionado en la televisión el nombre de " Macedonia" para hablar del país vecino y tuvo que pedir disculpas "por este error que no refleja mi posición ni mis convicciones sobre ARYM".

Desde Macedonia, bajo la dirección del entonces primer ministro conservador Nikola Gruevski, las autoridades añadieron una capa de nacionalismo a la polémica.

En el 2006, el aeropuerto de Skopje fue bautizado "Alejandro Magno". Y cinco años más tarde, una monumental estatua ecuestre del rey volvió a desatar la polémica.

Bajo presión internacional, la obra pasó a llamarse "Guerrero a caballo", pero las intenciones quedaron claras.

Otra estrategia. Con la llegada al poder del socialdemócrata Zoran Zaev la estrategia cambió radicalmente. Poco después de ser elegido, estimó que su país podía de forma provisional "convertirse miembro de la OTAN bajo la apelación de ARYM".

Se entrevistó por teléfono con su homólogo griego, Alexis Tsipras. Asimismo, el ministro de Relaciones Exteriores macedonio, Nikola Dimitrov, viajó a Atenas el 14 de junio y su par griego, Nikos Kotzias, irá a Skopje a finales de agosto.

Hay una "cierta movilización", afirmó una fuente diplomática griega, la cual señaló "algunos indicios" de las buenas intenciones de Skopje. Pero se tienen que "esperar los actos".

"Grecia puede mantener la misma posición durante dos siglos. Tenemos que encontrar una solución para desbloquear el proceso de integración a la OTAN y a la UE", explicó, bajo anonimato, un alto responsable del SDSM, el partido de Zaev.

Pero advirtió de que, de todas formas, en este pequeño y frágil país, se tendrá que encontrar "un consenso" político, y ratificar la solución a través de un "referendo".

"La pregunta es: ¿cuál es el precio para entrar en el club?", resume Toni Deskoski, profesor de Derecho en Skopje.

¿Qué nombre podrá ser aceptado? "Somos macedonios y no nos pueden llamar de otra forma", asegura Mirjana Jovanovska, una dentista de 47 años.

En medio de rumores, se baraja " Macedonia Septentrional", "Nueva Macedonia" o Macedonia Vardarska, a partir del nombre del río que atraviesa el país.

El actual Gobierno griego todavía no ha hecho ninguna propuesta, pero en el 2007 sugirió "una apelación con un prefijo geográfico".

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