La Quinta República ha sobrevivido durante casi 60 años

 5 mayo
Charles de Gaulle, padre de la Constitución de la Quinta República de Francia.
Charles de Gaulle, padre de la Constitución de la Quinta República de Francia.

La Constitución que rige en Francia desde 1958 dio nacimiento, al mismo tiempo, a la Quinta República y puso fin a una crónica inestabilidad política que afectó al país a lo largo de varios decenios del siglo anterior.

Esa Ley Fundamental emanó del liderazgo del general Charles de Gaulle, quien fue llamado cual salvador y dirigiera el proceso para dotar a Francia de un texto que permitiera solventar las debilidades que habían socolloneado a la Cuarta República, que heredó algunas de ellas de la Tercera.

La Constitución actual fue aprobada en referendo en setiembre de 1958 y 79% de los ciudadanos le dieron su aval.

País, ingobernable

Acabada la segunda Guerra Mundial, el país europeo prefirió escribir otra Carta Magna con el propósito de solventar problemas achacados a la que estuvo vigente entre 1870 y 1940 (Tercera República). El principal fue la brevedad de la duración de los gobiernos y este mal persistió en la Cuarta República (1946-1958), tanto así que, en promedio, Francia tenía un nuevo gobierno cada seis meses y medio.

Empero, no todo fue negativo durante este periodo. Se estableció una profunda reforma social, hubo impulso a la modernización de la agricultura y la industria, y Francia se erigió en uno de los socios fundadores de la Comunidad Económica Europea, en 1957.

La Cuarta República pretendió instaurar un régimen parlamentario, basado en el poder de los partidos, a lo cual se opuso De Gaulle y por ello renunció como jefe del gobierno provisional creado tras la liberación del país. Muy pronto, se hizo evidente que el recelo del militar era fundado y la inestabilidad política redundó en una creciente desconfianza de la gente hacia la instituciones.

La derrota de Francia en Dien Bien Phu, Vietnam, en 1954, marcó el fin de su dominio colonial en Indochina.
La derrota de Francia en Dien Bien Phu, Vietnam, en 1954, marcó el fin de su dominio colonial en Indochina.

Hubo otro factor que conspiró contra el parlamentarismo: las guerras coloniales en Indochina y Argelia agregaron tensiones, humillación con la derrota contra las fuerzas independentistas del Vietminh e intentos de insubordinación de militares y sectores civiles decididos a mantener el dominio de la metrópili en aquellos territorios.

Francia se encontró en una situación tan desesperada que recurrió a De Gaulle, quien estaba retirado de la escena política, para que comandara un esfuerzo para salir de la crisis. La Asamblea Nacional le otorgó poderes plenos para gobernar durante seis meses y para redactar otra Carta Magna.

Otro sistema

La Constitución de la Quinta República lleva, pues, la impronta de De Gaulle, y una de las características del documento es la instauración de un sistema político que otorga fuertes poderes al presidente, a diferencia de lo que ocurría en la precedente. El estadista estaba convencido de que, para evitar los males de la Tercera y Cuarta repúblicas, se necesitaba un jefe del Ejecutivo que desempeñara un papel importante y no meramente ceremonial, como ocurre en el resto de Europa.

Un presidente con suficiente poder.
Un presidente con suficiente poder.

Los casi 60 años de la Quinta República demuestran, a las claras, la fortaleza que le imprimió De Gaulle con la Ley Fundamental.

Esa solidez no ha impedido hacerle reformas conforme se han hecho necesarias. Desde 1958, la Carta ha sufrido 28 enmiendas, entre ellas la reducción del periodo presidencial de siete años a cinco y la elección del presidente por voto directo.

Pierre Bon, jurista francés, destaca tres aspectos fundamentales a lo largo de la vigencia del texto constitucional: "El refuerzo casi constante de la primacía presidencial, el retorno relativo del Parlamento sobre el escenario político (de tal modo que la consolidación de la primacía presidencial se hizo más en detrimento del primer ministro que del Parlamento) y la aparición inesperada de una justicia constitucional.