23 noviembre, 2015

Bruselas. EFE. Bruselas es una ciudad fantasma. El sábado, casi no se veían personas por las calles tras el cierre del metro, de comercios y centros de ocio. Aun sí, la ciudad retomaba el domingo algunos de sus hábitos, animada por un sol asomado entre las nubes.

El sábado, primer día del nivel 4 de alerta por amenaza terrorista , la capital belga y europea se quedó prácticamente paralizada, un estado anormal para una ciudad que normalmente bulle y cuyo centro se llena cualquier fin de semana, con sus bares, sus comercios y sus reconocidos restaurantes.

La alerta por riesgo “grave e inminente” de atentados terroristas y la instauración de medidas excepcionales que se sintieron en cada rincón de Bruselas, tuvieron un impacto inmediato en los habitantes que, de repente, no pudieron seguir su vida normal, como ir a la piscina del barrio o jugar al fútbol, hacer compras en un centro comercial, ir al cine o a un concierto.

En el centro, soldados fuertemente armados, acompañaban a policías en las principales avenidas y monumentos turísticos, como la Grande Place. En las calles, los turistas expresaban “cierta frustración” por el cierre de algunos lugares recomendados en las guías de viaje, como el Atomium o el Museo Hergé. Hoteles, como el Marriot enfrente de la antigua Bolsa, estaban custodiados por dos militares en la puerta principal.

La lluvia, que se convirtió en aguanieve en algún momento del sábado, facilitó que los belgas se quedaran en casa, una situación que se hizo sobre todo patente por la noche, cuando Bruselas se quedó literalmente cerrada en sí misma.

El alcalde de Bruselas había pedido a los bares y restaurantes de algunos barrios que cerraran sus puertas ya por la tarde, como medida de precaución.

Durante el domingo, la vida en la capital se había retomado paulatinamente. Los comercios en el centro subían sus persianas y las típicas tiendas donde se vende el chocolate belga estaban abiertas.

Por otro lado, los restaurantes preparaban las mesas para el mediodía y algunos comenzaban a recibir a los primeros clientes. No obstante, la encargada de un restaurante en un callejón turístico donde se sitúa un establecimiento tras otro, indicó a Efe que “se ha notado una considerable bajada” en el número de comensales debido no solo a la lluvia; también al estado de excepción que vive la ciudad.

Los vendedores del mercado de Midi, el más grande de Bélgica y uno de los mayores de Europa, estaba cerrado. El tradicional mercado de las pulgas de Les Marolles , los escasos visitantes se fotografiaban junto a un vehículo armado, quizá como consuelo ante las puertas cerradas del establecimiento.

Un educador retirado se paseaba por el centro para ver los ánimos en la capital. “Hay más periodistas que militares por las calles”, bromeó.

A juicio del exprofesor, con las medidas excepcionales implantadas por el Gobierno, lo único que se ocasiona es que “el Estado Islámico gane”, pues, según él, los habitantes de Bruselas se esconden en sus casas y no hacen sus vidas normales.