Reina batió récord de permanencia en el trono británico que tenía su tatarabuela

 10 septiembre, 2015

Londres AFP La longevidad sin precedentes de Isabel II en el trono ha contribuido a la estabilidad del Reino Unido en un periodo de grandes cambios, pero también ha retrasado la llegada de sangre joven.

A sus 89 años, la reina batió, el miércoles, el récord de permanencia en el trono británico, en poder de su tatarabuela Victoria, quien reinó 63 años y 216 días. Absolutamente nada permite pensar que esté dispuesta a abdicar en su primogénito Carlos, príncipe de Gales.

A los 66 años; es decir, más allá de la edad legal de jubilación, el príncipe de Gales sigue preparándose para ser rey.

Cuatro generaciones conviven dentro de la familia gobernante. En segundo lugar en el orden de sucesión, el príncipe Guillermo, hijo de Carlos y nieto de la reina, gana en los índices de popularidad desde su boda de cuento de hadas con la plebeya Catalina.

Estos padres modernos y modelo ofrecieron al Reino Unido un pequeño príncipe, Jorge, nacido en julio de 2013 y tercero en el orden de sucesión, y una princesa, Carlota, nacida en mayo de 2015 y cuarta en la línea de sucesión.

“Es muy poco probable que la recién nacida reine un día”, explicó el historiador Robert Jobson.

Aunque siendo una niña, ya se ha asegurado un lugar en la historia al ser la primera en beneficiarse de la anulación de la vieja ley machista que daba preferencia a los herederos varones.

De momento, y en el futuro inmediato, es una gerontocracia.

Gerontocracia. “Si la reina vive tanto como su madre, que murió a los 101 años, el príncipe Carlos tendrá 80 años cuando acceda al trono”, advirtió Robert Hazell, profesor de la Universidad de Londres.

“Si el príncipe de Gales, a su vez, vive hasta una edad avanzada, Guillermo será bastante viejo cuando sea llamado a reinar”, explicó Bob Morris, del University College London (UCL).

“Podemos encontrarnos atrapados con monarcas de la tercera edad durante mucho tiempo”, agregó.

Andrew Gimson, autor de una breve historia de todos los reyes desde 1066, aparecida en agosto, restó importancia al hecho.

“No creo que la gerontocracia represente un gran peligro. El país es en conjunto más viejo, todos vivimos más años, y es normal tener un rey más mayor y experimentado”, dijo.

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Algunos podrían considerar que Isabel II ha cumplido bien su misión, pero “abdicación” es una palabra proscrita en Buckingham desde que su tío Eduardo VIII renunció para casarse con una divorciada estadounidense y pasó la corona a su padre, Jorge VI, quien murió de un infarto relativamente joven, a los 56 años.

Después de ella, sin embargo, “las cosas podrían cambiar”, dice el historiador Robert Jobson. Sus herederos podrían basarse en los precedentes establecidos por las renuncias del papa Benedicto XVI, la reina Beatriz de Holanda, el rey Alberto II de Bélgica o el de España, Juan Carlos I.

La reina sigue aparentemente bien, pero su agenda oficial y la de su esposo, el príncipe Felipe, de 94 años, se han reducido.

Es cierto que hizo una visita a Alemania en junio e irá a la cumbre de la Commonwealth en Malta en noviembre, pero los viajes oficiales a tierras lejanas, como Australia, están descartados.

Así que los medios menos reverentes hablan ya incluso de una regencia de facto del príncipe Carlos, algo que Jobson niega.

Jobson descarta también que Guillermo, más popular que su padre, herede la corona de Isabel II directamente.

“No llegará. Esto no es un concurso de popularidad. El príncipe de Gales es el siguiente en la línea de sucesión aunque reine solo unos meses”, sentenció.