27 junio, 2015

París

Autoridades locales hacen un minuto de silencio por los fallecidos por el más reciente atentado en Francia.
Autoridades locales hacen un minuto de silencio por los fallecidos por el más reciente atentado en Francia.

El sospechoso de haber llevado a cabo el viernes un atentado yihadista en la región francesa de Lyon (centroeste) y de haber decapitado a su jefe seguía siendo interrogado el sábado por los investigadores, que tratan de descubrir a eventuales cómplices.

Tras la conmoción que dejaron los atentados de enero en París, seguidos por una profusión de actos islamófobos en todo el país, las autoridades francesas se preocupan por las consecuencias de este nuevo ataque.

El primer ministro francés, Manuel Valls, acortó una visita a América del Sur para participar este sábado por la mañana en un consejo de ministros restringido en torno al presidente francés, François Hollande.

"Ante el alto nivel de amenaza, el gobierno seguirá actuando sin pausa ni tregua" dijo al término de la reunión el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve.

En el atentado contra la planta de gas industrial, se encontraron banderas islamistas cerca de la cabeza decapitada de la víctima, que era el responsable de una empresa de transportes en la que trabajaba el principal sospecho del crimen.

Este ataque "creó una tensión fuerte en la sociedad francesa, que va a ser explotada", señaló el primer ministro Valls la AFP en el avión que lo traía de Bogotá.

"Este acto macabro de decapitación, con una puesta en escena, con banderas, es algo nuevo en Francia", añadió, y dijo creer que el ataque tiene como objetivo "intimidar".

"Es muy difícil para una sociedad vivir bajo la amenaza de atentados durante varios años", añadió el primer ministro, quien advirtió que "la cuestión no es saber si va a haber un nuevo atentado, sino cuándo".

Esta es la primera vez en Francia que en un ataque que se sospecha relacionado con el yihadismo la víctima aparece decapitada, un método utilizado a menudo por el grupo Estado Islámico (EI) en sus acciones en Siria y Irak, donde el grupo ha proclamado un califato. Pero de momento el ataque no ha sido reivindicado.

La principal instancia representativa del islam de Francia, el Consejo Francés del Culto Musulmán, condenó el ataque y llamó al "conjunto de la comunidad nacional a la vigilancia, la unidad y la solidaridad".

El expresidente francés Nicolas Sarkozy, líder de la oposición de derecha a Hollande, y la jefa de la extrema derecha, Marine Le Pen, pidieron por su lado medidas rápidas para "acabar con el islamismo".

El presunto autor del ataque, Yassin Salhi, de 35 años, casado y padre de tres niños, que penetró en el recinto de la empresa con la presunta intención de hacerlo saltar por los aires, seguía detenido el sábado. Su esposa y su hermana también fueron detenidas.

Salhi --nacido en Francia de padre de origen argelino y de madre de origen marroquí-- fue investigado en 2006 y vigilado por los servicios de inteligencia franceses por su vinculación con el movimiento salafista, una rama del sunismo radical, aunque no tenía antecedentes criminales.

Uno de los trabajadores de la planta lo describió en declaraciones a la radio RTL, como "un lobo con piel de oveja", y agregó que el sospechoso le había hablado del grupo EI, aunque no para tratar de reclutarlo, "sino simplemente para preguntarle su opinión".

Sin embargo muchos interrogantes persisiten sobre el móvil del sospechoso, las circunstancias del asesinato de la víctima y las eventuales complicidades, según la fiscalía francesa.

La acción contra la fábrica francesa se produjo casi seis meses después de que tres yihadistas atacaran la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, un supermercado kósher y a policías, dejando 17 muertos en París en enero.

Este ataque producido el viernes coincidió también con una oleada de atentados registrados el mismo día en Túnez, donde 38 turistas murieron en un sangriento atentado reivindicado por el EI, y en Kuwait, donde perecieron al menos 26 personas en otro ataque reivindicado también por el EI.

Todas estas acciones se produjeron tres días antes del primer "aniversario" del "califato" proclamado por el EI en los territorios que ha conquistado en Siria e Irak.

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