24 febrero, 2015
El grafiti Coexist le costó una agresión física a Combo. | EFE
El grafiti Coexist le costó una agresión física a Combo. | EFE

París. EFE. El artista urbano Combo se ha convertido en todo un símbolo de tolerancia en Francia, tras ser apaleado por cuatro individuos cuando hacía un grafiti en un muro de París. En este pedía la convivencia pacífica de las tres grandes religiones monoteístas: cristianismo, islamismo y judaísmo.

“No tengo miedo. Soy consciente de que hay un riesgo, pero hay que ser optimista. Si empezamos a tener todos miedo... Siempre existe el riesgo de que te atropelle un coche o de que te atragantes con un pistacho”, manifestó el artista.

En días cuando proliferan profanaciones de cementerios judíos y agresiones antimusulmanas luego de los atentados yihadistas de enero en la capital francesa, su pecado fue transcribir en una pared del este de París la palabra Coexist (coexistir) con un anagrama en el que la “C” toma la forma de una media luna musulmana, la “X” de una estrella de David judía y la “T” de un crucifijo cristiano.

La paliza le cayó cuando ya se disipaba el espíritu de unidad generado alrededor del eslogan “Yo soy Charlie”, surgido tras el ataque a la revista Charlie Hebdo y a un supermercado judío, con un saldo de 17 muertes.

El 30 de enero golpearon a Combo hasta mandarlo al hospital. Tras ser dado de alta, el Instituto del Mundo Árabe de París , que dirige el exministro de Cultura Jack Lang, lo invitó a mediados de febrero a desplegar el mismo cartel en gran formato en el exterior de su sede.

Con frondosa barba hipster , un brazo en cabestrillo y un ojo morado, Combo se ha vuelto un símbolo de lo que la sociedad francesa se cuestiona desde el mortal ataque islamista: identidad, religión, laicismo, educación, tolerancia, convivencia...

Nacido hace 28 años en Amiens, cerca de la frontera con Bélgica, en una familia de padre cristiano libanés y madre musulmana marroquí, este artista callejero reivindica que se ha “educado en un colegio francés y laico” en tiempos en los que “no había aún problemas” de intolerancia religiosa.

El eslogan que le costó la agresión es una obra original del artista polaco Piotr Mlodozenic, que lo utilizó por primera vez en el 2001 en Jerusalén y que “no protegió los derechos para que todo el mundo pudiera recuperar el logo y difundir el mensaje”, comentó Combo, recuperado ya físicamente tras reciclar esa llamada gráfica al respeto mutuo.

Coexist encaja a la perfección en su estilo, que privilegia los mensajes directos tal vez por influencia de su breve paso por una escuela de bellas artes y sus cuatro años de trabajo en agencias de publicidad.

“En Francia tenemos 50.000 soldados musulmanes que protegen nuestro país”, dice otro de sus grafitis, elaborados generalmente de noche, en poco más de 10 minutos y a menudo con collages para ahorrar tiempo.

Se sirve de símbolos de la cultura pop para denunciar “las injusticias” de la sociedad “con una lectura subversiva y comprometida, pero nunca moralizante” a través de un trabajo que no se limita a París, su principal galería urbana.

Combo viajó a Chernóbil para protestar contra la energía nuclear, a Los Ángeles para encender el debate sobre la legalización del cannabis con retratos de Barack Obama fumando marihuana; a Hong Kong para pegar en la calle páginas de Google censuradas por el gobierno de Pekín o a Beirut, donde en 2014 lanzó una “Yih-art” para denunciar el islamismo radical.

“Consistía en imitar los códigos de los yihadistas y su maquinaria de propaganda”, explicó Combo, quien recuerda cómo se disfrazaba con chilaba y barba para escribir en las paredes mensajes como “Menos Hamás y más humus”.

El joven, quien financia sus intervenciones con pequeños trabajos y a gracias a la venta de sus obras, suele crear un personaje para acompañan sus intervenciones.

En su cuenta de Twitter, el 14 de febrero escribió: “El amor es ciego, pero la religión puede cegarnos. Buen San Valentín a todos”.

Y acompañó su tuit con la fotografía de un hombre con chilaba besando a otro con kipá, muy similar a una célebre portada con la que Charlie Hebdo regresó a los kioscos en 2011, después de que su redacción fuera incendiada por publicar una serie de caricaturas del profeta.

Combo aseguró que no va a dejar sus intervenciones reivindicativas y avanza que desarrolla un nuevo personaje judío, mientras prepara un viaje a Copenhague, última ciudad europea golpeada por el extremismo religioso.