27 mayo, 2014

François Hollande hablaba ayer desde el palacio del Elíseo. | AFP
François Hollande hablaba ayer desde el palacio del Elíseo. | AFP

París. AFP. El triunfo de la ultraderecha francesa en las elecciones europeas del domingo, pone en posición aún más frágil al ya muy impopular presidente François Hollande, acusado de ser responsable en gran medida de ese resultado.

En vísperas de una cena de dirigentes europeos en Bruselas, el jefe de Estado francés organizó ayer una reunión de crisis en el palacio presidencial del Elíseo para tratar de buscar la respuesta a esta nueva derrota electoral de los socialistas, dos meses después de la que sufrieron en los comicios municipales que tuvieron lugar en marzo.

Para Hollande, se trata de limitar los daños y de convencer a los franceses de la necesidad de continuar su política.

En un mensaje por televisión, el presidente francés estimó en la noche del lunes que la UE “se ha vuelto (...) lejana y, para ser franco, incomprensible, incluso para los Estados” que la integran.

La UE “ha logrado desde hace dos años superar la crisis de la zona euro (...), pero a qué precio: una austeridad que terminó desalentando a los pueblos”, estimó.

“Mañana (martes) , en el Consejo Europeo (en Bruselas) reafirmaré que la prioridad es el crecimiento, el empleo, la inversión”, agregó.

“Sismo”, “choque”, “trueno”: la prensa francesa se hizo eco ayer en primera plana del impacto causado por la victoria de la ultraderecha, y varios editorialistas señalaban la responsabilidad del presidente.

“Para François Hollande, el descenso a los infiernos continúa”, escribió el diario Le Figaro (derecha). Pero el diario de izquierda Libération evocaba también un “voto sanción” contra Europa, contra los grandes partidos tradicionales y contra la “política” y la “persona” de Hollande.

“Lo más trágico es que el jefe de Estado no tiene más municiones”, estimó Libération , el cual recordó que Hollande “quemó ya la de la remodelación” gubernamental al nombrar en abril primer ministro a Manuel Valls y al decidir a último momento una medida fiscal en favor de los ciudadanos más pobres.

Cuestionado ya por el ala izquierda de su propio partido, François Hollande corre el riesgo de enfrentarse ahora con una rebelión de los socialistas, que tuvieron el domingo el peor resultado histórico en una elección europea, con menos de 14% de los votos.

“Estamos ante la desautorización de las políticas que son aplicadas”, afirmó el lunes el diputado Christian Paul, uno de los 41 socialistas que se negaron a votar la confianza a Valls.

“La responsabilidad del presidente de la República es ahora cambiar de política”, aplicando una “más eficaz y más justa”, agregó.

No obstante, Valls afirmó ya ayer que no hay que cambiar “la hoja de ruta”, y pidió “tiempo”, descartando toda dimisión o disolución de la Asamblea. Abogó, en cambio, en favor de nuevas bajas de impuestos.

Con 25% de los votos, el Frente Nacional reivindica ahora la condición de “primer partido de Francia”. Pero en la Asamblea Nacional (Cámara Baja del Parlamento) tiene solamente dos diputados.

Se trata de “una crisis nacional”, una “crisis casi presidencial”, estimó el ex primer ministro de derecha Jean-Pierre Raffarin, cuyo partido, la UMP, parece estar muy afectado también por su propia derrota, con un resultado cuatro puntos porcentuales inferior al del FN.

Empantanado en un escándalo de sospechas de favoritismo respecto a una empresa, Bygmalion, fundada por dos de sus amigos, el presidente de la UMP Jean-François Copé está en una muy difícil posición y corre el riesgo de perder el cargo en la reunión de las instancias directivas del partido prevista el martes.