22 abril, 2015

Roma. EFE. Con la detención, ayer, de quien califica como el “tesorero” de la organización, la Fiscalía de Palermo (sur de Italia) logró desmantelar una red de traficantes y desvelar las tarifas y métodos de los “nuevos esclavistas del Mediterráneo”.

Ghermay llegó a Italia como refugiado y se volvió traficante. | AFP
Ghermay llegó a Italia como refugiado y se volvió traficante. | AFP

El detenido se llama Nahome Kerebel Gutama y se le halló una cuenta bancaria en la que, de mayo a julio del 2014, fueron depositadas grandes sumas de dinero, que según los investigadores, corresponden a las tarifas que cobraba la banda.

Son 15 los arrestados de las listas de órdenes de detención emitidas contra eritreos, etíopes, marfileños y ghaneses, que desde varias ciudades italianas tenían contactos con traficantes en Libia para promover la inmigración de compatriotas.

Las escuchas telefónicas y el material recogido por la Fiscalía de Palermo en los últimos meses, en la llamada operación Galuco II, permitió reconstruir cómo funcionan los que el primer ministro italiano, Matteo Renzi, definió el lunes como “los nuevos esclavistas del Mediterráneo en el siglo XXI”, comparándolos con los que traficaban personas hace cuatro siglos.

En las interceptaciones, que la Policía italiana divulgó, se les oye vanagloriarse de haber sobrecargado los barcos de inmigrantes, como el pesquero que se hundió el domingo, frente a las costas de Libia, con unos 800 inmigrantes a bordo. “Me dicen que lleno demasiado los barcos, pero... son ellos los que quieren zarpar”, se escucha decir entre risas a Mered Medhane , un eritreo que desde Libia hablaba con sus contactos y no ha podido ser detenido.

Es irónico: el etíope Asghedom Ghermay llegó, en el 2009, en una de estas barcazas y ahora ha pasado a ser uno de los traficantes, sin remordimientos.

Ghermay, que fue acogido en Italia como refugiado, aseguró por teléfono que tiene en su casa “hasta 117 inmigrantes”, que ante la falta de espacio “duermen de pie”.

Los fiscales de Palermo no excluyen que Ghermay y sus socios en Libia fueran los encargados de organizar el pesquero que acabó hundiéndose a pocas millas de la isla de Lampedusa el 3 de octubre del 2013 y que costó la vida a 366 inmigrantes.

“Hay mucho movimiento y las cosas están marchando bien. Han llegado ya dos barcas y 1.000 inmigrantes cuatro días antes de lo previsto”, comunicaba Ghermay a su interlocutor en Trípoli.

Su labor, según las pesquisas, es la de organizar la llegada de los inmigrantes, pues les ayuda a escapar de los centros de identificación o de las sedes de acogida y a llegar a los destinos que habían deseado dentro de Italia o a salir del país.

Explicó que los va a buscar en carro a las localidades sicilianas de Agrigento o Catania y que les organiza el viaje a Roma, y que por ello recibe 150 euros de cada uno, de los que 50 euros son para él.

Los nuevos esclavistas tienen su propias tarifas, pues Ghermay explica en una de sus llamadas de teléfono que por 500 euros puede mandar a alguien a Alemania o por 1.100 euros se puede llegar a Suiza, Holanda o el Reino Unido.

La única preocupación es cuando los inmigrantes no llegan, porque entonces Ghermay no gana dinero, como cuando en julio del año pasado se confesaba intranquilo porque carecían de noticias de una barca con 260 personas que salió de Libia hace once días.

Medhane, por su parte, aseguró que estaba “muy presionado” por sus compatriotas porque no sabían nada de lo que ocurrió con sus familiares que zarparon hacía días.

Al tesorero detenido el martes se le descubrió una cuenta postal en la que desde mayo a julio del 2014 fueron depositadas grandes sumas de dinero, que según los investigadores corresponden a las tarifas que cobraba la banda.

El fiscal de Palermo explicó además que la banda cobraba hasta 5.000 euros por llevar a los inmigrantes desde su país de origen a Libia, otros 1.500 euros por la travesía a Italia y posteriormente unos 400 euros a los emisarios en este país, a los que se añadían otros 1.500 euros si se quería llegar al norte de Europa.

Por una barcaza con cerca 200 personas a bordo, cada miembro de esta red conseguía hasta 80.000 euros.