Triunfo confirma erosión de partidos tradicionales en los países europeos

 25 abril, 2016
La candidata presidencial independiente, Irmgard Griss, mira los primeros resultados a boca de urna que la colocan en un tercer lugar. | EFE
La candidata presidencial independiente, Irmgard Griss, mira los primeros resultados a boca de urna que la colocan en un tercer lugar. | EFE

Viena. AFP El candidato de extrema derecha de la formación FPÖ, Norbert Hofer, lideraba este domingo la primera vuelta de la elección presidencial austríaca con 36,7% de los votos y 17 puntos de ventaja sobre su rival más cercano, un ecologista, según sondeos a boca de urna.

El segundo sitio de esta primera vuelta lo disputaban el ecologista Alexander van der Bellen y la independiente Irmgad Griss con 19,7 y 18,8% respectivamente.

Si se confirma este resultado, sería la primera vez que los grandes partidos tradicionales quedan eliminados en la primera vuelta.

Actualmente, en el país gobiernan conjuntamente el Partido Socialdemócrata (SPÖ) y la formación conservadora (ÖVP).

Según la proyección, el candidato del SPÖ, Rudolf Hundstorfer, quedaría cuarto con 11,2%, levemente por encima del representante del ÖVP, Andreas Khol.

El único candidato que quedaría por detrás de los partidos tradicionales sería Richard Lugner, un magnate de la construcción de 83 años, conocido por su matrimonio con una modelo de Playboy 57 años menor, que obtendría 2,4%.

Este sería el mejor resultado a nivel federal del FPO, desde que participó en un gobierno de coalición en 2000 bajo el liderazgo del controvertido Jorg Haider, que incluso llevó a la Unión Europea a establecer sanciones contra Austria.

Pese a que la función del presidente austríaco es esencialmente honorífica, un fracaso de los grandes partidos podría suponer una advertencia para el canciller Werner Faymann (SPÖ) y para el vicecanciller Reinhold Mitterlehner (ÖVP), cuyo mandato finaliza en 2018.

Desgaste. El desgaste del poder se ve reforzado por el hecho de que estas dos formaciones gobiernan juntas desde hace ocho años, lo que convierte al FPÖ y a los Verdes en los únicos partidos de la oposición, afirman los analistas.

“Como en otras partes de Europa, estamos asistiendo a la erosión de los partidos tradicionales, que no han conseguido renovarse desde hace diez años ni atraer a nuevos votantes”, explicó el politólogo Peter Hajek.

Además, la crisis de los migrantes y el aumento del desempleo también afectó los partidos tradicionales en beneficio de la formación de extrema derecha FPÖ, que superó la barrera del 30% de votos en varios municipios durante las elecciones locales del año pasado.

“Normalmente, las elecciones presidenciales se centran en la personalidad de los candidatos. Pero este año, temas como los refugiados o el desempleo jugarán también un papel”, explicó Karin Cvrtila, del instituto OGM.