17 agosto
Aldeanos se apresuran con baldes de agua para combatir las llamas que llegan cerca de sus casas en el pueblo de Chao de Codes, cerca de Macao, en el centro de Portugal, el miércoles 16 de agosto.
Aldeanos se apresuran con baldes de agua para combatir las llamas que llegan cerca de sus casas en el pueblo de Chao de Codes, cerca de Macao, en el centro de Portugal, el miércoles 16 de agosto.

Sardoal, Portugal

Los incendios forestales continuaban arrasando el centro de Portugal , afectado por una nueva serie de fuegos que movilizaron a más de 1.500 bomberos el jueves, justo dos meses después de la muerte de 64 personas cerca de Pedrogao Grande.

El foco más preocupante se declaró el miércoles en el municipio de Maçao que, tras haber sido alcanzado por un primer incendio a finales de julio, vio desaparecer entre el "80 y 90%" de su superficie, según el alcalde Vasco Estrela.

Este pueblo de cerca de 2.000 habitantes, rodeado por las llamas durante la noche del miércoles al jueves, al igual que otros pueblos de alrededor, se encuentra a solo 40 km al sur de Pedrogao Grande.

Durante la mañana, los bomberos intentaban frenar el avance del fuego en el municipio de Sardoal, a las puertas de los pueblos de Vale Formoso y Alcaravela, constataron periodistas de la AFP.

"Hemos venido aquí para ayudar a los bomberos como podemos, por ejemplo apagando pequeños fuegos. En una situación tan dramática, cualquier ayuda es útil", aseguró Inês Azevedo, una habitante del pueblo vecino de Mouriscas.

Desde el miércoles pasado, los incendios en esta región dejaron un total de 86 heridos, siete de ellos graves, indicó protección civil. En las últimas 24 horas, cerca de 130 personas fueron evacuadas de los pueblos aledaños a Maçao, Sardoal y Abrantes.

Hace una semana, los cerca de 40.000 habitantes de la localidad de Abrantes, situada a 20 km de Maçao, vivieron también momentos de pánico al ver las llamas acercarse a las zonas industriales.

Un helicóptero contra incendios vuela a través de nubes de humo provenientes de un incendio forestal cerca de la villa de Chao de Codes, cerca de Macao, en el centro de Portugal, el 16 de agosto.
Un helicóptero contra incendios vuela a través de nubes de humo provenientes de un incendio forestal cerca de la villa de Chao de Codes, cerca de Macao, en el centro de Portugal, el 16 de agosto.

Frente a un clima que hace prever un nuevo aumento del riesgo de incendio en los próximos días, el gobierno decidió el jueves decretar el estado de catástrofe pública en varias regiones del centro y del norte del país.

En todo Portugal , los fuegos forestales y de maleza arrasaron 141.000 hectáreas desde principios de año, tres veces más que la media de la última década, según una estimación provisional.

Cada día, bajo altas temperaturas, miles de bomberos luchan contra incesantes fuegos: hasta 268 el sábado, un récord desde principios de año.

Portugal recibió nuevos refuerzos enviados por España en el marco del mecanismo de entreayuda europea. Además de un avión cisterna marroquí, los bomberos contaban el jueves con el apoyo de 160 hombres, 27 vehículos y cuatro aviones antiincendio españoles.

Las autoridades detuvieron a 91 supuestos pirómanos desde principios de año. Se trata de nuevo de un récord, señaló la ministra del Interior, Constança Urbano de Sousa, añadiendo que "la mayoría de los incendios son causados por personas, por negligencia o malicia".

Con motivo de los dos meses de la muerte de 64 personas en Pedrogao Grande y en los municipios vecinos de Figueiro dos Vinhos y Castanheira de Pêra, el primer ministro Antonio Costa y el presidente Marcelo Rebelo de Sousa tenían previsto viajar este jueves a la región.

Fueron necesarios cinco días para controlar este gigantesco incendio, que dejó igualmente más de 250 heridos y dañó 500 viviendas.

La mayoría de las víctimas fallecieron el 17 de junio en sus coches, atrapados en una carretera nacional cuando intentaban huir de las llamas que se propagaban a una velocidad inaudita.

Mientras que la población local denuncia la lentitud de las obras de reconstrucción, la tragedia reavivó el debate sobre la ineficacia de los servicios de rescate y de las políticas de gestión forestal.