21 febrero, 2015

París

De mente brillante e intimidad tortuosa, Dominique Strauss-Kahn era al comienzo de la década el hombre llamado a presidir Francia y devolver a los socialistas el Elíseo, pero los tribunales, que nunca llegaron a condenarle, acabaron con una carrera política que no atisbaba límites.

Strauss-Kahn conocerá el próximo 12 de junio el resultado de su último desencuentro judicial, que esta semana quedó visto para sentencia, pero todo hace indicar que saldrá indemne.

De nuevo, DSK, como es conocido en Francia, parece esquivar a la justicia tras verse, una vez más, abocado a enfrentarse a ella por sus continuos problemas de alcoba.

Esta vez, como recordó durante el juicio uno de sus abogados, el escarnio público ha sido mayor: los franceses se han convertido en "voyeurs" de las prácticas brutales que Strauss-Kahn desplegaba en las orgías con las que decía relajar la tensión acumulada como director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Las fiestas para las que sus amigos le procuraban "material" (como él mismo escribió en un mensaje a otro de los acusados) quedarán, si es absuelto, como el divertimento libertino que DSK defendía y no como la red proxeneta de la que se le acusaba.

Tanto la Fiscalía como la acusación particular han pedido su absolución, lo que ha vuelto a sembrar dudas sobre oscuras motivaciones políticas detrás de la instrucción del caso.

Pero la suerte de DSK ya se había torcido mucho antes, el 15 de mayo de 2011, cuando la policía estadounidense lo detuvo en el aeropuerto de Nueva York, acusado de haber violado en su suite a Nafissatou Diallo, una empleada del hotel Sofitel.

De familia acomodada, Strauss-Kahn nació hace 65 años en el suburbio parisino de Neuilly-sur-Seine, aunque pronto se trasladó junto a su familia a la ciudad marroquí de Agadir, donde vivió hasta 1960, cuando volvió a Mónaco y, posteriormente, París.

Graduado en la prestigiosa Sciences Po y doctor en Economía por la Universidad de París X, se fraguó una reputación como economista riguroso y metódico en sus primeros pasos profesionales como profesor universitario.

Más allá de sus dotes académicas, quienes entonces lo frecuentaban coinciden en que si algo lo distinguía era su gran capacidad de seducción, especialmente entre las mujeres.

Pronto llamó la atención de los cazatalentos del entonces gobernante Partido Socialista -donde militaba desde los 27 años-, que lo aupó desde su escaño en la Asamblea Nacional al cargo de ministro de Industria entre 1991 y 1993, y posteriormente al de "superministro" de Economía, Finanzas e Industria entre 1997 y 1999.

Entonces comenzaron sus incontables líos judiciales, como el llamado "caso Mnef", en el que se le investigó por supuesta falsificación. Fue absuelto, como también le sucedió en otros escándalos vinculados al modisto Karl Lagerfeld o a la petrolera Elf.

Esos problemas no mermaron su ascenso a la cúspide del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2007, donde jugó un papel determinante a la hora de afrontar el estallido de la crisis financiera.

Sus problemas de faldas comenzaron a brotar una vez asentado en Washington. El primero de ellos la revelación en 2008 de su relación extramatrimonial con una subordinada, la economista de origen húngaro Piroska Nagy.

La investigación reveló que Strauss-Kahn no había abusado de su posición en el FMI, aunque él tuvo que pedir disculpas públicamente.

Tres años después, cuando se postulaba como el gran favorito de los socialistas franceses para las elecciones presidenciales de 2012, fue detenido por la presunta violación en Nueva York, que se zanjó sin que la fiscalía presentase cargos al alcanzar DSK un acuerdo económico con Diallo, que retiró los cargos.

Otras acusaciones similares brotaron a continuación, como la de la joven periodista francesa Tristane Banon, que lo acusó de haber intentado violarla en 2002, o el caso de proxenetismo por el que ahora se le juzga.

Dicen quienes han seguido todo el proceso que Strauss-Kahn se ha mostrado más sereno que nunca, con aparente control de la situación e indignado por el juicio paralelo de la opinión pública sobre sus prácticas sexuales.

Su biógrafo, Michel Taubmann, declaraba hoy al canal de televisión BFMTV que DSK es consciente de sus errores y que lamenta sobre todo haber decepcionado a los suyos.

Desde hace cuatro años, las imágenes de contrición de quien fue uno de los hombres más poderosos del mundo han dejado casi en el olvido al hombre seguro de si mismo, arrollador y seductor que rozó el cielo con los dedos.

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