Ocupantes saltaron en paracaídas antes de que la aeronave se estrellara en frontera

 15 julio, 2014

Kiev. EFE. El derribo de un avión de transporte militar ucraniano disparó ayer de nuevo la tensión fronteriza entre Ucrania y Rusia, mientras Kiev anunció un cambio de táctica para consumar la reconquista de los territorios rebeldes.

El avión fue abatido sobre la localidad de Izvárino, en la frontera con Rusia, y sus ocho ocupantes habrían saltado en paracaídas antes de que se estrellara el aparato, con capacidad para 30 tripulantes.

El ministro de Defensa de Ucrania, Valeri Gueletéi, informó de que, dado que el avión volaba a una altura de 6,5 kilómetros, no pudo ser derribado solo con el armamento que tenían los insurgentes.

“El avión fue abatido por otro armamento más potente que fue disparado desde territorio ruso”, manifestó el general durante una reunión con el presidente ucraniano, Petro Poroshenko.

El vocero del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, Andréi Lisenko, sugirió que la aeronave pudo ser derribada por un misil lanzado desde el aeródromo ruso de Millerovo o por un sistema con cohetes antiaéreos.

Se trata del segundo derribo de un avión de transporte ucraniano por los separatistas, ya que en junio 49 soldados murieron tras ser abatido el Il-76 en el que viajaban en el aeropuerto de Lugansk.

Soldados ucranianos prepararon ayer un tanque blindado, cerca de la frontera con Rusia. Ucrania insistió en que no habrá ningún alto el fuego o negociaciones si los separatistas en el este del país no renuncian a sus armas. | EFE
Soldados ucranianos prepararon ayer un tanque blindado, cerca de la frontera con Rusia. Ucrania insistió en que no habrá ningún alto el fuego o negociaciones si los separatistas en el este del país no renuncian a sus armas. | EFE

Poroshenko denunció ayer que “en los últimos tres días se ha utilizado un nuevo sistema ruso de lanzamiento de misiles contra las Fuerzas Armadas de Ucrania”.

Kiev acusa a Moscú de permitir la libre circulación a través de la frontera de rebeldes equipados con armamento pesado.

Inspecciones. En un intento de rebatir las acusaciones ucranianas, Rusia invitó ayer a diez observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) a inspeccionar dos puntos fronterizos en Donetsk y Gukovo.

El “gesto de buena voluntad”, como lo definió la Cancillería rusa, busca lograr el cese de las hostilidades en las regiones rebeldes.

Por su parte, el ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y el secretario general de la OSCE, Didier Burkhalter, pidieron ayer un alto el fuego sin condiciones.

El 1.° de julio expiró el alto el fuego declarado de manera unilateral diez días antes por Poroshenko, que acusó a los rebeldes de incumplir el plan de paz anunciado tras su investidura a principios de junio.

Para declarar una nueva tregua, el mandatario Poroshenko exige a los rebeldes el cese mutuo de las hostilidades, la liberación de los rehenes y el restablecimiento del control sobre la frontera.