Ciudadanos piden que la Unesco brinde protección al patrimonio histórico

 2 junio, 2014
Los visitantes pasaron ayer por el museo memorial de Caen de la Segunda Guerra Mundial, al noroeste de Francia, unos días antes de las conmemoraciones del 70 aniversario del Día-D con los líderes mundiales. | AFP.
Los visitantes pasaron ayer por el museo memorial de Caen de la Segunda Guerra Mundial, al noroeste de Francia, unos días antes de las conmemoraciones del 70 aniversario del Día-D con los líderes mundiales. | AFP.

Caen, Francia. AFP. Desde los gigantescos bloques de hormigón de la playa de Arromanches hasta los cientos de restos de barcos de la Segunda Guerra Mundial, la región de Normandía, en el noroeste de Francia, lucha para que la organización Unesco proteja el patrimonio del desembarco.

“Con sus cajones de hormigón altos como edificios de seis pisos que se divisan en el horizonte, el puerto artificial de Arromanches-les-Bains es el único vestigio del desembarco visible cuando uno mira al mar desde donde llegaron 130.000 hombres el 6 de junio de 1944”, observó el alcalde del municipio, Patrick Jardin.

Más de 3.000 soldados murieron en el desembarco, la mayoría bajo el fuego de las ametralladoras alemanas segundos después de poner los pies en el agua.

El Congreso estadounidense votó el 22 de mayo una resolución de respaldo a la clasificación por parte de la Unesco de las playas del desembarco de Normandía, que las autoridades de la región reclaman desde 2006. Dos semanas antes, los diputados franceses realizaron una votación similar.

Las playas del desembarco están inscritas desde el mes de abril en la lista indicativa de monumentos que Francia puede presentar en el comité del patrimonio mundial de laUnesco, pero el Gobierno todavía tiene que elegir entre esta lista de 37 lugares cuáles presentar al organismo de la ONU .

“Vamos bien, pero queda un largo camino por recorrer”, manifestó el alcalde Jardin.

“Mientras tanto, cada año perdemos un cajón”, recordó el director del Museo de Arromanches Frédéric Sommier. Queda una veintena de estos trozos de dique artificial, bautizado Phoenix, de los 115 que había al principio.

“Si no hacemos nada, en diez años ya no habrá nada”, auguró Jardin y agregó que además de la financiación (varias decenas de millones de euros), quedan por resolver las modalidades técnicas del reforzamiento.

Monumento. Según los historiadores, el puerto artificial de Arromanches desempeñó un papel menos importante de lo que estaba previsto en el verano de 1944, mucho material fue desembarcado directamente en las playas, pero no deja de ser una proeza tecnológica.

Se utilizaron unos 250 remolcadores para traer los cajones que formaban un dique de 8 kilómetros para delimitar un puerto de 500 hectáreas, unos 1.000 campos de fútbol, según el museo del desembarco de Arromanches.

Su fabricación movilizó a 45.000 personas en Inglaterra.

Estos cajones recuerdan la llegada en el horizonte de 5.000 barcos, la mayor armada de todos los tiempos, que los alemanes tardaron en divisar en las costas normandas el 6 de junio de 1944.

Con los años, la candidatura a la Unesco se ha ido precisando. Ahora incluye los cerca de 400 restos de guerra (barcos, tanques, todoterrenos, trozos de carretera flotante) que yacen entre Ouistreham y Saint-Vasta-la-Hougue, según un recuento hecho el año pasado por un equipo del programa de televisión Thalassa, en colaboración con el Departamento de Investigaciones Arqueológicas Submarinas.

Reliquias. Según el cazador de restos de barco Bertrand Sciboz, un experto marítimo que trabajó con la Marina estadounidense y cuyos mapas de restos son desde hace tiempo la referencia absoluta de los pescadores normandos, 200 de estos restos son del “ Día D” .

Estos restos, lo cuales menciona el Congreso en su resolución, tienen mucho valor para los antiguos combatientes y su familia. El verano pasado, un veterano se sumergió a bordo de una pequeña nave pilotada por un miembro del equipo de Thalassa para acercarse a los restos de su embarcación.

En 2004, se organizaron cientos de ceremonias en el mar encima de estas reliquias. Algunos supervivientes del desembarco, fallecidos desde entonces en Estados Unidos, han pedido que se dispersaran allí sus cenizas, recuerda Sciboz.

Pero al igual que los Phoenix, los restos se van deteriorando con el paso de los años, como observan los apasionados submarinistas que investigan la zona.