15 noviembre, 2013

Berlín. EFE. El expresidente alemán Christian Wulff se convirtió ayer en el primer jefe de Estado que se sienta en el banquillo en el país, acusado de cohecho impropio por aceptar la invitación de un productor de cine que gastó 719 euros para agasajarlp en la Oktoberfest de Múnich en el 2008.

El caso, ocurrido cuando era primer ministro del estado de Baja Sajonia, es el único de los escándalos que rodearon la vida de Wulff que ha llegado a juicio y tiene lugar año y medio después de su dimisión como presidente alemán.

El proceso comenzó en la segunda sala penal de la Audiencia Provincial de Hanover, ante cuyas puertas, rodeado de una nube de cámaras de televisión, Wulff volvió a defender su inocencia y su honor.

Ese es su principal objetivo y, de hecho, el proceso se inició porque el ex dirigente político rechazó el ofrecimiento de la Fiscalía de no ir a juicio a cambio del pago de una multa de 20.000 euros.

“Estoy seguro de que disiparé las últimas sospechas, porque siempre me he comportado correctamente en mi puesto”, recalcó Christian Wulff.

La Fiscalía tardó apenas unos minutos en leer el pliego de la acusación, según el cual existen indicios que demuestran que el ex jefe de Estado se comportó de forma corrupta al aceptar en el 2008 que el productor David Groenewold –también procesado– lo invitara a la Oktoberfest.

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