29 agosto, 2014

Las Vegas, EE. UU. AP. La muerte de un instructor de armas a manos de una niña de nueve años que disparaba una Uzi automática, pone de manifiesto la cara trágica de lo que se ha convertido en una práctica comercial popular en Estados Unidos: el turismo armamentista.

Mientras las leyes mantienen las armas poderosas fuera del alcance de la mayoría de la gente, los polígonos de tiro con armas de grueso calibre en locales cerrados son ahora una atracción popular.

Turistas japoneses atestan los locales de Waikiki, Hawái y la decena que se han abierto en Las Vegas ofrecen despedidas de solteros y bodas con profusión de balas, en las que los novios pueden disparar ametralladoras y posar con Uzis y cintos con cartucheras de balas.

La muerte occidental de un instructor de armas en Arizona suscitó un enérgico debate y mucha gente se pregunta qué clase de padres permite que niños pequeños manipulen una ametralladora.

Charles Vacca, de 39 años, estaba junto a la niña el lunes en el campo de tiro Last Stop en White Hills, Arizona, a unos 100 kilómetros al sur de Las Vegas, cuando la pequeña apretó el gatillo. El sacudón elevó el cañón de la Uzi y Vacca recibió impactos en la cabeza.

Los fiscales dijeron que no presentarán cargos.

Atracciones similares funcionan desde la década de 1980 en Las Vegas, aunque han aumentado en los últimos años.

El instructor de tiro Charles Vacca y la niña durante la fatal lección. | EFE
El instructor de tiro Charles Vacca y la niña durante la fatal lección. | EFE

Turistas de Australia, Europa o Asia, cuyos civiles tienen prohibido el manejo de muchos tipos de armas, buscan aprovechar el derecho constitucional de los estadounidenses a poseer armas.

“La gente tiene una fascinación por las armas”, afirmó Cohen, de Nueva Zelanda, quien calcula que 90% de sus clientes son turistas.

Sin embargo, aparte del machismo, los propietarios admiten que un movimiento en falso puede terminar en tragedia. El negocio de Cohen está instalando un sistema de contención para impedir que el cañón de las ametralladoras salte hacia arriba después de disparar, el mismo movimiento que segó la vida del instructor esta semana.

Y en el 2008, un niño de 8 años murió accidentalmente al herirse en la cabeza con una Uzi en una exposición de armas cerca de Springfield, Massachusetts. Christopher Bizilj disparaba contra calabazas cuando el arma se sacudió y lo mató.