El magnate se autoproclamó el 'rey de la deuda'

 10 mayo, 2016
"Soy el rey de la deuda. Amo la deuda. Me encanta jugar con la deuda", indicó el jueves pasado el aspirante a la Casa Blanca en una entrevista en CNBC.

Washington

Tras autodeclararse como "el rey de la deuda", el virtual candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, dijo primero que buscaría renegociar la deuda de Estados Unidos en una crisis, luego que el país nunca declararía un impago porque "imprime el dinero" y, finalmente, que la deuda es "absolutamente sagrada".

Semejante lista de enredos ha agregado agitación a la ya de por sí sorprendente campaña presidencial de 2016. Todo ello en un periodo de cuatro días, lo que ha provocado la perplejidad de los analistas y economistas al tratar de imaginar un Gobierno dirigido por Trump bajo semejantes premisas y sus efectos sobre la primera economía mundial.

"Soy el rey de la deuda. Amo la deuda. Me encanta jugar con la deuda", indicó el jueves pasado el aspirante a la Casa Blanca en una entrevista en CNBC.

"He tomado prestado sabiendo que podemos pagar con descuentos. Y me ha ido muy bien con la deuda. Ahora, claro, estaba aventurándome, pero me fue bien" , agregó Trump, después de calificar la que tiene EE. UU., que supera los 19 billones de dólares, como "impactante".

En un primer momento, el magnate neoyorquino que ha hecho su fortuna en el negocio inmobiliario se mostró abierto a renegociar la deuda con los acreedores en caso de frenazo económico, aunque remarcó posteriormente que su planteamiento nada tiene que ver con ejemplos como los de Grecia o Argentina, que han planteado abultadas quitas de deuda.

"En otras palabras, si los intereses suben y los bonos bajan y podemos comprar los bonos con descuento, si somos lo suficientemente líquidos como país, deberíamos hacerlo", dijo Trump.

Cuando se le apuntó un día después en una entrevista en CNN que esa estrategia pondría en juego la credibilidad crediticia de EE. UU., y además implicaría endeudarse aún más y como consecuencia presionar al alza las tasas a largo plazo, rechazó la propuesta de manera tajante con un argumento aún más sorprendente.

"Esto es el Gobierno de EE. UU. En primer lugar, nunca tendría que suspender pagos porque imprimes el dinero, odio decirlo, ¿ok?", subrayó en aparente referencia al poder del dólar como divisa global de reserva.Esta declaración dejó aún más boquiabiertos a los economistas.

Si bien es cierto que la Reserva Federal (Fed) decide cuándo y cuántos dólares imprime, no lo es menos que todos los secretarios del Tesoro y presidentes de la Fed evitarían siquiera mencionar esta posibilidad porque implicaría asumir su intención de financiar la deuda a través de la inflación, tema casi tabú en política monetaria.

Obviamente, las reacciones no se han hecho esperar y Gene Sperling, asesor de la precandidata demócrata Hillary Clinton y consejero económico de los presidentes Barack Obama y Bill Clinton, señaló lo "chocante" de las propuestas de Trump en las que "defiende abiertamente que EE. UU. no respete el 100 % de su deuda ni proteja nuestra completa credibilidad y solvencia".

"Es una las ideas económicas más peligrosas que he visto", dijo Sperling en declaraciones al portal Politico.

Ante el nuevo revuelo creado, y más si cabe tratándose del ámbito económico, que el propio Trump, de 69 años, ha remarcado como su punto fuerte de campaña gracias a su experiencia empresarial, a comienzos de esta semana trató de calmar la situación con una entrevista en The Wall Street Journal, el diario financiero de referencia.

En un nuevo giro, en esa entrevista afirmó que los bonos del Gobierno de EE. UU. " son absolutamente sagrados " y calificó de "locos" a quienes han sugerido que quiera renegociar la deuda federal.

Estas supuestas aclaraciones y cambios de opinión, que Trump defiende como "flexibilidad" , solo han contribuido a aumentar la confusión y las suspicacias tanto entre demócratas como entre los miembros de su propio partido, el Republicano, sobre el rumbo económico que plantearía de alcanzar la Casa Blanca.

"Parece estar diciendo diferentes cosas en días diferentes a gente diferente. Puedes tratar de asimilarlas, pero solo asimilas una versión de su realidad. Y la realidad cambia cada día, cuando no cada hora" , sostuvo James Pethokoukis, columnista del conservador centro de estudios American Enterprise Institute.

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