21 agosto, 2014

San Salvador. AFP. Óscar Arnulfo Romero , el arzobispo de San Salvador asesinado de un balazo en plena misa, hace 34 años, se encamina a los altares luego de que el papa Francisco dijo que “no hay impedimento alguno” para beatificarlo.

El anuncio del Pontífice provocó el aplauso inmediato de diferentes sectores, incluido el del presidente Salvador Sánchez Cerén.

“Los salvadoreños nos sentimos felices porque tuvimos la grata noticia del papa Francisco de que no existe obstáculo para la beatificación de monseñor Romero y él afirma que es un hombre de Dios”, declaró el gobernante, exdirigente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Conocido como “la voz de los sin voz”, símbolo de una Iglesia con opción preferencial por los pobres, el homicidio de Romero evidenció el horror de las guerras civiles de Centroamérica.

Monseñor Óscar Arnulfo Romero, exarzobispo de San Salvador. | ARCH.
Monseñor Óscar Arnulfo Romero, exarzobispo de San Salvador. | ARCH.

Para Edín Martínez, directivo de la Fundación Romero, el Pontífice ha enviado “una clara señal” de que la beatificación se acerca.

Francisco sabe que el arzobispo salvadoreño se convertirá en “un verdadero referente de fe y martirio a seguir en el cristianismo, para que feligreses y pastores se acerquen a los pobres y luchen por la justicia”, agregó Martínez.

El arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, anunció el domingo el inicio de un trienio de oración para la pronta beatificación del arzobispo, así como de reflexión sobre su obra, que finalizará el 15 de agosto del 2017, cuando se cumplan 100 años del natalicio de Romero.

El asesinato de Romero polarizó todavía más la sociedad salvadoreña y estimuló un movimiento insurgente, nacido pocos años antes, que en octubre de 1980 se unificó en el FMLN.

Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, 156 km la noreste de San Salvador.

A los 13 años ingresó al seminario menor de la ciudad de San Miguel, donde era conocido como “el niño de la flauta”, por el pequeño instrumento de bambú que tocaba y que había heredado de su padre.

En 1937 fue aceptado en el seminario mayor en San Salvador. Siete meses después viajó para estudiar teología a Roma, donde vivió la Segunda Guerra Mundial, tras lo cual fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942.

El 21 de junio de 1970 fue nombrado obispo auxiliar de San Salvador, luego obispo de Santiago de María, Usulután, el 15 de octubre de 1974, en momentos en que comenzaba la represión contra campesinos organizados.

De posiciones conservadoras, Romero fue ungido arzobispo el 23 de febrero de 1977, a los 59 años.

Sin embargo, el clima de injusticia y represión contra el pueblo, así como la influencia de sacerdotes adscritos a la Teoría de la Liberación, fueron llevando a Romero a tomar partido cada vez más con los sectores populares.

El 23 de marzo de 1980, a pesar de las persistentes amenazas de muerte, Romero conminó a los efectivos del Ejército a obedecer el mandamiento de Dios de “no matarás”, aún desacatando las órdenes de sus jefes.

El 24 de marzo de 1980 fue asesinado de un disparo en el corazón por un francotirador cuando oficiaba misa en el hospital de cancerosos La Divina Providencia.

Con la muerte de Romero estalló la guerra civil.

Una Comisión de la Verdad de la ONU identificó como autor intelectual del asesinato al mayor del Ejército Roberto D'Aubuisson, fundador de la entonces gobernante Alianza Republicana Nacionalista (Arena, derecha), quien murió de cáncer en febrero de 1992.

Arena, que gobernó durante 20 años (1989-2009), mantuvo silencio sobre el asesinato hasta que en el 2009 el presidente Mauricio Funes pidió perdón por el crimen a nombre del Estado y declaró a Romero “guía espiritual de la nación”.

El aeropuerto internacional de El Salvador, una autopista capitalina y un salón de la casa de gobierno fueron bautizados con su nombre.

La causa de beatificación de Romero fue abierta en 1993 y, tras varios años de estancamiento fue desbloqueada por el papa Francisco en abril de 2013. Ahora se encuentra en manos de la Congregación para la causa de los Santos.