11 septiembre
El desplome de este árbol mantenía bloqueada una carretera en Miami, este lunes 11 de setiembre.
El desplome de este árbol mantenía bloqueada una carretera en Miami, este lunes 11 de setiembre.

Miami

Miami despertó el lunes con árboles y ramas caídas, semáforos inoperantes, rutas cerradas y botes hundidos, pero los residentes estaban aliviados de que la marejada que se tragó las zonas costeras no causó los daños catastróficos que el huracán Irma prometía.

Los equipos de limpieza comenzaron a trabajar al amanecer para despejar las calles de escombros, árboles, ramas, postes, carteles y señales de tránsito caídas, que quedaron al descubierto luego de que el agua retrocedió este lunes.

El domingo, el vecindario de Brickell, en el centro de Miami, un distrito financiero frente al mar, se inundó por la marejada que superó los diques y se tragó varias cuadras adentro.

La costa de Miami, así como sus islas, son proclives a inundaciones serias aún con lluvias menores, un problema endémico de la zona debido a la falta de elevaciones y el aumento del nivel del mar.

Algunos residentes que se negaron a evacuar paseaban a sus perros y evaluaban con curiosidad y cierto alivio los daños.

"Si esto hubiera sido un huracán categoría 4, el escenario sería distinto. No tendríamos electricidad por semanas, y en cambio nosotros la recuperamos esta mañana", dijo Bob Lutz, un empresario de 62 años.

"Así que todos estamos contentos de que no pasó nada grave", añadió, aliviado de no haber desalojado su apartamento. "Pero era una marejada impresionante, era mucha agua".

En el puerto deportivo de Brickell los botes estaban sumergidos y, algunos, totalmente hundidos.

La fuerza de los vientos del huracán lanzó este bote fuera de la marina donde estaba atracado en Miami.
La fuerza de los vientos del huracán lanzó este bote fuera de la marina donde estaba atracado en Miami.

Más al sur, en un puerto deportivo en Coconut Grove, un puñado de botes habían sido arrastrados tierra adentro por la marejada que, según los vecinos, entró al menos 150 metros.

Mientras, las calles de la arbolada zona residencial de Coral Gables estaban cubiertas de ramas caídas y árboles arrancados de raíz, algunos de los cuales cayeron sobre las casas, sin que por el momento se reportaran víctimas.

"Estamos ahora en una fase de recuperación", dijo el alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, quien añadió que el condado perdió el 80% de su energía eléctrica.

"Pero nos salvamos de la peor parte de la tormenta (...) Muchos de nosotros vamos a sufrir inconvenientes y no tendremos electricidad por un tiempo. Pero si hay que elegir, prefiero esto", agregó.

Esta planta, en un centro comercial de Miami, tampoco aguantó el empuje de los vientos del huracán Irma.
Esta planta, en un centro comercial de Miami, tampoco aguantó el empuje de los vientos del huracán Irma.

Degradada a tormenta tropical tras su paso por Naples, en la costa oeste de Florida, Irma tocó tierra el domingo en los Cayos del sur de Florida como un poderoso huracán categoría 4 (de una escala de 5) y bajó rápidamente a 3.

Salvación de última hora. Miami, que se preparaba para prácticamente un cataclismo porque se preveía un ataque directo de categoría 5, se salvó de la peor parte cuando, además, el ojo del ciclón viró hacia el oeste al tomar rumbo hacia el noroeste de Florida.

De todos modos, las bandas exteriores del huracán azotaron la ciudad con vientos de 145 mm/hora y súbitos tornados que tocaron suelo.

"Había un carro que el agua le pasaba por arriba de las llantas", contó Estrella Palacios, una enfermera de 53 años que también se quedó en Brickell. "Se siente tristeza de ver esto así, pero se esperaba que fuera peor porque las noticias fueron bien alarmantes".

El alcalde Giménez extendió el toque de queda en todo el condado de 7 p. m. a 7 a. m. hasta nuevo aviso.

Mientras, los residentes de Miami Beach fueron informados de que podrán entrar a la isla para evaluar los daños en sus viviendas solo con una prueba de residencia, una vez que las autoridades consideren que el paso es seguro, lo cual podría ocurrir el martes o miércoles.

Habitantes que no evacuaron esta isla turística frente a Miami dijeron que las calles se habían inundado y que el viento había derribado árboles y palmeras.

"Es un espectáculo, pero no es un evento catastrófico", expresó Roberto Cuneo, un residente en Miami Beach de 41 años que decidió no desalojar. Según su recuento, la marejada inundó algunas calles hasta 30 cm.

En el extremo sur de Florida, el panorama era muy distinto. El acceso a los Cayos estaba cerrado. El gobernador Rick Scott sobrevoló el área este lunes y dijo luego a la prensa que la zona había quedado "devastada" y los parques de casas rodantes destruidos.

La división de Florida de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) confirmó que el huracán dejó dos muertos en el estado, reduciendo la cifra de tres dada el domingo.