Abogado llega entre denuncias de fraude y sin mayoría en el Congreso

 14 diciembre, 2013

Tegucigalpa. AFP y ACAN-EFE. El presidente electo de Honduras, el derechista Juan Orlando Hernández, afronta la difícil tarea de gobernar con una legitimidad cuestionada y un Congreso adverso, lo cual pone en riesgo la ya débil estabilidad del país.

Hernández, del gobernante Partido Nacional (PN), quien durante su campaña prometió combatir la violencia con militares en las calles, encabezará “un régimen débil en legitimidad”, afirmó el sociólogo Roberto Briceño.

“Los regímenes débiles en legitimidad se apoyan en la militarización y el autoritarismo”, añadió el analista, quien es profesor de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) declaró el miércoles a Hernández como presidente electo en la votación del 24 de noviembre, pero no se pronunció respecto al recurso de nulidad que interpuso la izquierdista Xiomara Castro, esposa del derrocado Manuel Zelaya.

Hernández, quien centró su oferta de campaña en el combate militarizado contra el narcotráfico y las pandillas, inició el proceso de transición del gobierno para reemplazar a Porfirio Lobo y minimizó las acusaciones de fraude.

De acuerdo con el TSE, que defiende la transparencia del proceso, estas fueron las elecciones con mayor participación en la historia de Honduras, en la que votaron más de 3,2 millones de las 5,3 millones de personas inscritas.

Sin embargo, las denuncias de “fraude” aumentan las frustraciones en una sociedad polarizada, con graves problemas de pobreza, violencia y crisis económica. “Hubo un incremento de participación; sin embargo, la administración de los resultados electorales causa frustraciones en la población que tenía otras expectativas sobre el ejercicio democrático”, dijo Briceño.

Además, el Partido Nacional solo alcanzó 49 de los 128 escaños, por lo que la negociación política será necesaria.

Hernández llega al Gobierno con “una economía quebrada, con una deuda pública que puede llegar al 50% del PIB, un déficit fiscal que rondará el 8%, un índice de crecimiento del 2% y el servicio de la deuda del 25% del PIB”, dijo el analista Jorge Yllescas.