Es una de varias ejecuciones realizadas en EE. UU. donde los condenados han durado más de lo esperado en morir

 23 julio, 2014

WASHINGTON

Joseph Rudolph Wood fue condenado a pena de muerte por un doble asesinato.
Joseph Rudolph Wood fue condenado a pena de muerte por un doble asesinato.

Un condenado demoró dos horas en morir tras recibir una inyección letal el miércoles en Arizona, una agonía sin precedentes que eleva el tono de la controversia en Estados Unidos sobre este método de ejecución penal.

Joseph Wood , de 55 años y condenado por el doble asesinato de su exnovia y el padre de ésta en 1989, fue declarado muerto a las 15H49 locales (22H49 GMT), unas dos horas después del inicio del procedimiento de inyección, en lugar de los 10 minutos usuales, indicó un portavoz de la oficina del fiscal general de Arizona, Tom Horne.

"Las autoridades penitenciarias de Arizona (ADC) comenzaron la ejecución a las 13H52. A las 13H57, las ADC reportaron que Wood estaba anestesiado, pero a las 14H02 comenzó a respirar. A las 14H03, su boca se movió y continúa respirando desde entonces. Se sofoca y se queja desde hace una hora", escribieron los abogados en un documento redactado cuando el condenado todavía estaba vivo, a las 15H02.

"Arizona parece haberse unido a varios otros Estados irresponsables en un horror que era absolutamente previsible", denunció el abogado Dale Baich tras la ejecución, realizada en medio de una polémica en Estados Unidos sobre la eficacia y el origen de los productos utilizados en las penas capitales.

Blaich, quien llego incluso a presentar una moción de emergencia ante la Corte Suprema para detener la ejecución, mientras que el preso aún estaba vivo, destacó en su nota que "a Joseph Wood morir le llevó dos horas, se sofocó y buscó respirar durante casi una hora y cuarenta minutos".

Enseguida de difundirse los detalles de la noticia, la polémica reflotó.

"Los estadounidenses están cansados de esta barbarie", criticó Diann Rust-Tierney, de la organización Coalición Nacional para Abolir la Pena de Muerte. "Simplemente no estamos en condiciones de aplicar de forma humana la pena de muerte", dijo, al referirse al "calvario" del condenado.

De su lado, la experta de la Universidad de Fordham, Deborah Denno, experta en temas de la inyección letal, dijo que fue una ejecución "inaceptable" y "chocante" porque era "totalmente previsible y evitable" el sufrimiento.

La prisión estatal de Arizona donde Joseph Rudolph Wood fue ejecutado.
La prisión estatal de Arizona donde Joseph Rudolph Wood fue ejecutado.

En las últimas 24 horas, Wood había presentado varios recursos y apeló incluso ante la Suprema Corte de Estados Unidos por el secretismo que rodea el procedimiento de inyección letal usado en este Estado, así como en otros que mantienen la pena de muerte.

Al igual que varios condenados ejecutados antes de él, Wood había criticado como inconstitucional el riesgo de que su ejecución comportara sufrimiento, debido a la falta de información sobre los productos utilizados, su origen y sobre la calificación del personal a cargo de inyectarlo.

Sus apelaciones finales fueron rechazadas; el Tribunal Supremo las desestimó dos veces en menos de 24 horas, como lo hizo para sus recursos anteriores.

El gobierno de Arizona, donde no se habían llevado a cabo ejecuciones este año, se había negado a revelar los detalles de sus procedimientos.

Simplemente consideró satisfactorio el procedimiento y se limitó a decir a través de portavoces que Wood iba a ser inyectado con los mismos productos utilizados en otra controvertida ejecución llevada a cabo en enero pasado en Ohio, en el transcurso de la cual el condenado se había agitado y gemido durante 26 minutos.

En este caso, el Estado utilizó el anestesiante midazolam combinado con hidromorfina, un derivado de la morfina.

En los 32 estados donde la pena de muerte está en vigor, las autoridades recurren a técnicos de farmacia no homologados para la fabricación de productos de inyección, luego de la negativa de los fabricantes europeos para proveerlos con fines de ejecución.

A finales de abril, fue en Oklahoma que un preso había muerto con aparente dolor 43 minutos después de la inyección de un cóctel de tres productos. Las ejecuciones entonces fueron suspendidas en todo el país y se habían reanudado gradualmente, excepto en Oklahoma, a pesar de las protestas y múltiples procedimientos judiciales.

"Esta es la tercera llamada de atención, es la clara indicación para cambiar las cosas al nivel más alto", respondió Richard Dieter, director del Centro de Información sobre la pena de muerte, después de efectuada la ejecución número 26 realizada en el 2014. "Los estados no están absolutamante listos para utilizar la inyección letal con nuevos productos, por eso se debe parar. No podemos seguir torturando, metiendo a la gente en una tabla de ejecución durante dos horas para esperar que se mueran".

El lunes, la Corte de Apelaciones en San Francisco había dado una nueva esperanza a los presos y los abolicionistas, con la suspensión temporal de la ejecución de Joseph Wood , diciendo que no podía ser condenado a muerte en tanto persistiera el secreto del procedimiento.