1 marzo, 2015

Washington . Incluso en las mejores familias hay disputas. Estados Unidos y Canadá gozan de una estrecha relación en política, economía y seguridad. Pero las diferencias acerca de la construcción del oleoducto Keystone han enfriado el entendimiento entre los aliados.

Nueva ruta propuesta para el oleoducto.
Nueva ruta propuesta para el oleoducto.

El primer ministro canadiense, el conservador Stephen Harper, no ha escondido en los últimos años su malestar con la lentitud del proceso y la cautela de su homólogo estadounidense, el demócrata Barack Obama. También han surgido divergencias en otros asuntos comerciales e internacionales.

John Ibbitson conoce bien la relación entre los dos miembros del G7 (los siete países más industrializados). “Está en un momento muy bajo”, dice por teléfono desde Canadá este veterano periodista del diario The Globe and Mail y autor de un ensayo sobre las diferencias entre Obama y Harper.

“Puede que haga falta un nuevo presidente o primer ministro que pulse el botón de reset . Desde 1950, siempre ha sido así”.

El distanciamiento no es insólito en una relación en la que el vecino del norte mira mucho más al del sur. Pero ahora hay una pareja especial. Por su conservadurismo, Harper es el mandatario canadiense más estadounidense de la historia, y Obama, por su progresismo, el más canadiense.

Su relación empezó con un ambicioso plan de mejora fronteriza. Las tensiones tardaron poco en aflorar: el plan no avanzó como se esperaba, el Congreso excluyó de contratos públicos a empresas canadienses y Washington dificultó la entrada de Ottawa a negociaciones del acuerdo de libre comercio transpacífico.

En forma paralela, Harper se ha desmarcado de la prudencia de Obama en política exterior: desde el apoyo a Israel a la disposición a atacar al régimen sirio, ha abrazado postulados típicos de los halcones republicanos que tienen poder en Washington.