19 junio
Estudiantes universitarios se manifestaron el 27 de agosto del 2015 contra el entonces presidente guatemalteco Otto Pérez acusado de corrupción en Ciudad de Guatemala.
Estudiantes universitarios se manifestaron el 27 de agosto del 2015 contra el entonces presidente guatemalteco Otto Pérez acusado de corrupción en Ciudad de Guatemala.

Ciudad de Guatemala

La indignación por la corrupción impulsó a miles de guatemaltecos a protestar cada sábado en la plaza de la capital en el 2015 contra el entonces presidente Otto Pérez. Dos años después, y con un nuevo gobernante, poco ha cambiado.

La llama de esperanza que encendió el nuevo mandatario Jimmy Morales, electo ese año con un discurso de lucha frontal contra la corrupción, se ha ido apagando en su primer año y medio de mandato por la falta de reformas y la influencia de su círculo más íntimo, formado por militares considerados corruptos y políticos de la vieja guardia.

Además, le ha pesado ser un neófito en la política y llegar a presidir un país de contrastes y dividido por un conflicto armado de 36 años (1960-1996), así como varios traspiés, sobre todo el proceso penal abierto contra un hijo y un hermano acusados de fraude en una institución estatal.

Aunque el descontento y la decepción se han ido generalizando, son los sectores indígenas y campesinos, que padecen los mayores índices de pobreza, los que se han manifestado para pedir la renuncia al mandatario, quien asumió el cargo en enero del 2016.

Morales ganó las elecciones del 2015 como una figura nueva, ajena a la política y apreciado por su faceta de comediante en la televisión local, en momentos en que la población reclamaba un cambio tras los escándalos del gobierno de Otto Pérez, quien renunció a la presidencia en setiembre del 2015, antes de las elecciones.

Pérez se encuentra en la actualidad en prisión a la espera de que un juez decida si irá a juicio por varios cargos de corrupción, junto a su vicepresidenta Roxana Baldetti, quien dimitió en mayo del 2015.

Para Manfredo Marroquín, director de Acción Ciudadana, capítulo local de Transparencia Internacional, el país tuvo un momento histórico para sacar a las mafias ilegales incrustadas en el Estado, pero no hizo las reformas necesarias para cambiar el sistema y reducir la corrupción.

Guatemala ocupó el lugar 136 en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional del 2016, de 176 países. Fue una caída de 21 puestos desde el 2014, cuando ocupó el lugar 115.

"Se necesitaba un gobierno entrante que tuviera claridad de cuáles eran los cambios que había que promover dentro del Estado. Tanto reformas políticas como administrativas, de presupuesto y financieras. El gobierno (de Morales) entró sin agenda y eso lo que ha hecho es desencantar a la población", declaró a la AFP.

A su juicio, el mandatario "ha defraudado mucho las expectativas que había. La gente se volcó a votar por alguien que no era un profesional de la política y eso también tiene un costo, y es que el presidente todavía está en un proceso de aprendizaje que tiene un costo muy grande para el país", lamentó.

Marroquín asegura que hasta el momento la lucha contra la corrupción se encuentra "en un stand by que no nos asegura que las mismas redes u otras no vuelvan a tomar posesión de los principales cargos y vuelvan a sus negocios habituales".

Carlos Arrazola, editor de política de la revista virtual Plaza Pública, coincide con Marroquín en que el gobernante simplemente repite "las prácticas de la vieja política y eso le ha generado muchísima frustración a los guatemaltecos, en especial a los grupos campesinos e indígenas que no han encontrado ninguna respuesta en el gobierno".

Ese desencanto, según Arrazola, explica por qué salen a manifestar a las calles y cerrar carretera para reclamar la renuncia al presidente.

"Evidentemente el presidente Morales no es ni estadista, ni ha demostrado capacidad para liderar, gobernar y sacar adelante en los problemas que son más urgentes para Guatemala", sostuvo.

A pesar de que la percepción de corrupción es generalizada en la población, los más afectados son los indígenas que viven en condiciones de pobreza en las zonas más olvidadas e inhóspitas de este país. Datos oficiales indican que representan 42% de los 16 millones de habitantes, pero sus líderes afirman ser más de 60%.

Los indígenas y campesinos se opusieron en un principio al proceso electoral del 2015 al considerar que carecía de liderazgo para encausar al país a un mejor futuro, recordó el dirigente Neftalí López, del Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), que ha promovido las marchas y cierre de carreteras para exigir la dimisión de Morales.

"Nosotros como organización sabíamos positivamente que él no representaba una nueva forma de hacer política, mucho menos un nuevo proyecto político", sentenció.

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