20 mayo, 2015

San Salvador. ACAN-EFE. La beatificación del arzobispo Óscar Romero , asesinado en el umbral de la guerra civil salvadoreña (1980-1992), es un “triunfo de la verdad” sobre la “politización” de su imagen por grupos de derecha e izquierda. Así opina Ricardo Urioste, vicario general de la Iglesia católica en ese país en la época de Romero.

“La izquierda lo ha querido hacer como bandera para ellos, lo han politizado, y la derecha también lo ha politizado al denigrarlo, al hablar falsedades”, manifestó Urioste.

El clérigo, quien conoció a Romero mientras realizaba estudios en Roma entre 1941 y 1958, añadió que “los dos grupos han pecado” al politizarlo.

Representantes de la Iglesia de El Salvador también dijeron que el uso político de la imagen de Romero fue un obstáculo para que su proceso de beatificación progresara en el Vaticano.

Urioste recordó que a Romero “se le acusó de político, de marxista, de comunista, de guerrillero”, pero que “quien más ha conocido, estudiado y juzgado” sus actuaciones es el Vaticano y “si ellos hubieran encontrado estos puntos negativos, no lo beatifican.

”Han ido estudiando palabra por palabra, frase por frase, y no han encontrado que fuera político, mucho menos marxista o comunista”, comentó.

Mural de Mons. Romero en la ciudad de Panchimalco. | AFP
Mural de Mons. Romero en la ciudad de Panchimalco. | AFP

Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un francotirador mientras oficiaba una misa en la capilla de un hospital para personas con cáncer”.

Según Urioste, las amenazas contra el arzobispo comenzaron “por lo menos un año antes de su muerte” y provenían de sectores de la derecha y de los militares.

“Las amenazas venían de la derecha, de los militares también y de gente de ese estilo; creemos que no venían de la izquierda, aunque en su momento Monseñor tuvo choques con la izquierda por criticarlos, porque era imparcial”, expueso el también presidente de la Fundación Monseñor Romero.

Un informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas en El Salvador , publicado en 1993, señaló como autor intelectual del magnicidio al mayor del Ejército y fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena) , Roberto D’Aubuisson.

El mismo documento establece que D’Aubuisson fundó los escuadrones de la muerte.

En los 12 años de la guerra civil salvadoreña murieron unas 75.000 personas y desaparecieron otras 8.000.

En ese contexto, Urioste expresó que Romero se constituyó en una especie de procurador de derechos humanos, figura que se creó en los Acuerdos de Paz de 1992.

“Romero fue un hombre que se puso a ayudar, a defender, a servir a los pobres”, insistió el religioso.

Óscar Romero se caracterizó por denunciar las violaciones de los derechos humanos perpetradas por el Ejército salvadoreño y los grupos paramilitares en los años previos a la guerra durante sus homilías.